La pobreza.

Me puse a pensar en la pobreza como “status”. Es decir, la pobreza concebida como clase o estamento social a la que pertenecen “otros” (nunca nosotros). Un segmento social que suele ser mirado, observado y descripto desde arriba, es decir desde otro estamento o clase. Se escucha mucho hablar de la pobreza desde los medios de comunicación, los púlpitos de distintas cátedras o iglesias, desde los escenarios de las corporaciones políticas o desde el estado mismo. Se habla mucho de la opción por los pobres y de líneas e índices de pobreza. Finalmente la inmensa mayoría de estas acepciones refieren solo a la idea de pobreza material.

 

Muchos que se consideran fuera de este estamento toman distancia de los denominados “pobres” endilgándoles la total responsabilidad por su estado dando lugar al desprecio y a la negación. Desde otro extremo se magnifica e idolatra a aquellos que viven estoicamente en la pobreza generando alejamiento por la vía de la distancia que siempre existe entre el ídolo y los seres comunes que se consideran incapaces de afrontar semejante situación. Ninguna de estas tendencias aporta a la solución.

 

La pobreza tiene dos caras: espiritual y material. Yo creo que todos somos pobres. En cuanto a la pobreza material, es un concepto real pero relativo y hasta subjetivo. Su concepción cambia de acuerdo a los tiempos y al desarrollo. Uno puede considerarse rico pero ser mirado por otros con lástima. O creerse pobre y ser visto como un privilegiado por alguien que está en una situación peor. Ligada al hombre desde que se tiene registro, la pobreza material debe ser erradicada. Para tamaña empresa tenemos que luchar contra muchos adversarios: el miedo, la desconfianza, el orgullo, el egoísmo, el desgano. Tales enemigos ocupan el campo espiritual de la pobreza y embargan a todos los involucrados, sea que estén de un lado o del otro de la línea que mide esta condición en el plano material. Unos y otros debemos aceptarnos pobres durante todo el recorrido, reconocernos mutuamente y cada uno ver en el otro a su propio rostro, como si nos mirásemos en un espejo. Así nos libraremos de la pobreza y hasta podrá vivir en mansedumbre el pobre lobo que todos llevamos dentro.   

 

 

Sugiero escuchar la canción “San Francisco y el lobo” interpretada por Serú Giran y analizar que hubiera pasado si el hombre no hubiera empezado a tratar mal al lobo. 

 

Francisco M. Lynch

 

Editorial para el programa radial El Hornero emitido el 31-05-2011

La vida igualadora.

Me puse a recordar tiempos del colegio secundario y cómo se enseñaba en aquella época la materia literatura. En esa materia se nos enseñaba a analizar obras literarias, cuentos, novelas y a sus autores en modo sistemático. Y parte del análisis era descubrir los denominados temas que emergían de las obras analizadas. Temas primarios y temas secundarios. Por ejemplo del Martín Fierro puede surgir como tema primario “la moral gaucha” y del Quijote como tema secundario puede surgir “la fidelidad”, esa condición que Sancho devolvía al caballero.

 

No se si fue por virtud o defecto del sistema de enseñanza o de mi mismo; lo cierto es que hoy recuerdo muy bien el enunciado de muchos temas principales y secundarios que surgían del análisis de obras literarias. Pero no recuerdo de qué obra provienen. Un tema que me marcó a fuego en esos años de juventud es “La muerte igualadora”. Era realmente un tema curioso dado que desde los años adolescentes la muerte parece algo realmente lejano. Uno mientras es chico no piensa en la muerte como algo ineludible. Ni siquiera uno se considera mortal en esa época.  

 

El planteo de la muerte como hecho igualador me pareció formidable. A pesar de los esfuerzos del hombre, ante la inequidad histórica que hizo siempre desigual la vida de unas personas sobre otras, por fin llega en justicia la ley biológica, ante la cual indefectiblemente somos todos iguales. Ahora bien, el razonamiento es válido únicamente si miramos solo la vida terrena. Pero la muerte es solo un paso, un pasaje a otra dimensión, a esa otra vida misteriosa que nos espera a cada uno y que la Fe nos indica será plena en Dios. Sabiendo esto no necesitamos esperar la muerte para igualarnos, podemos empezar ya, hoy mismo, a tratarnos, reconocernos y respetarnos como iguales. Tal vez esté allí una de las claves para que la muerte deje de ser mirada como un frío pasillo igualador para constituirse en un escalón más de una blanca escalera el cielo. 

 

 

Francisco M. Lynch

 

Editorial para el programa radial El Hornero emitido el 24-05-2011

El momento.

Según el diccionario se entiende por momento a “una porción de tiempo muy breve en relación con otra”.  También se complementa este término con una acepción que habla de “lapso de tiempo más o menos largo que se singulariza por cualquier circunstancia”. Es decir que dependiendo desde donde uno lo mire un momento puede ser un tiempo muy corto o muy largo, pero siempre tiene principio y fin y además se caracteriza por su singularidad, o sea, por circunstancias que lo integran y que lo califican, que lo delimitan, lo separan y lo destacan de otros tiempos. Podríamos decir así que un momento puede ser tan corto como el brillo que dura una chispa inspiradora o a la vez podríamos decir que la vida misma de cada uno de nosotros es también un momento.

 

La idea de momento nos recuerda que para nosotros en esta vida todo tiene principio, recorrido y fin. Y que tal cual los caminos, los momentos pueden ser definidos exaltando los puntos de partida y de llegada o bien rescatando y describiendo el recorrido, es decir, viviendo palmo a palmo cada uno de los segundos que componen cada momento que nos toca vivir.

 

A diferencia del concepto de eternidad, donde la imaginación humana no alcanza para poner límites, los momentos son limitados y se constituyen en necesarios componentes de nuestras vidas terrenas. Resulta beneficioso ponerse a recordar buenos momentos y resulta orientador develar sus significados. Es auspicioso también vivir plenamente cada momento que nos toque, sea bueno o malo, en el convencimiento de que no es eterno. Ser conscientes de todo esto puede ser la clave para proponernos elevar la calidad de cada momento a vivir participando activamente en él en procura de realización y de pacífica felicidad. Pues escribiendo momentos con intención e intensidad, sin darnos cuenta integramos la línea hacia la eternidad esperada, pero a la vez, nos transformamos en protagonistas de un mandato innato que parece abrazar a cada ser humano: Honrar la vida.

 

Sugiero escuchar la canción “Honrar la vida” interpretada por Marilina Ross.

 

Francisco M. Lynch

 

Editorial para el programa radial El Hornero emitido el 17- 05 -2011

El silencio necesario.

El concepto de silencio se nos muestra hoy como algo vacío, algo así como una “ausencia de sonidos”. La idea de silencio se presenta como algo careciente, es decir “que carece de ruidos”. Pareciera que denota un clima monótono y triste en contraposición con el furor alegre que pueden transmitir los sonidos. También se presenta el silencio como algo pasivo frente a la actividad que todo ruido aparenta traer consigo. En esta era en que vivimos en modo intenso y podemos multiplicar y potenciar hasta el infinito los ruidos y los sonidos gracias a la tecnología, pareciera que ya nos hemos olvidado de que existe el silencio. Nos hemos desacostumbrado a él y no le damos lugar en nuestros días. No lo buscamos.

 

Sin embargo, el silencio es necesario para el verdadero encuentro con nosotros mismos. Es el remanso inevitable en que debemos abrevar si queremos realmente descansar en la carrera loca en que se encuentra el género humano. Es para el creyente el mayor templo para reunirse con Dios y es para todos el único ámbito y dispositivo de transmisión que permite amplificar y poder escuchar aquello que queremos decirnos a nosotros mismos y que viene desde lo más profundo de nuestro ser. El silencio está en crisis. Tiene escaso marketing. La era del consumo no vende silencio en las góndolas y se hace difícil encontrarlo aún en calles o plazas públicas invadidas de amplificadores a todo volumen. La publicidad y la propaganda aturden. El minuto de silencio ya no es un minuto (son escasos segundos) y para estar de moda hay que estar en el ruido.

 

El silencio signa a la libertad. Es imprescindible para no estar sujetos al mandato de los ruidos y sonidos determinados por otros. Busquemos pues al menos un rato de silencio diario para verle la cara y escuchar a ese ser que tenemos dentro y que clama por leernos con voz suave y comprensiva los dictados de nuestra conciencia. De lo contrario seguiremos siendo objetos de campañas ajenas y nos convertiremos en salvajes animales de consumo donde lo humano de cada uno de nosotros solo quedará en nuestra apariencia. 

 

 

Francisco M. Lynch

 

Editorial para el programa radial El Hornero emitido el 10- 05 -2011

Una visión sobre las personas y las instituciones (dedicado a Roque R. Lagarde).

El otro día me encontré con un entrenador de rugby de larga e importantísima trayectoria, que lleva una vida dedicada a su profesión (médico veterinario), a su familia y a una vocación tremenda por enseñar, luego de su retiro como jugador de ese deporte amateur que por esta condición tanto bien hace en estos lares. Desde que lo conocí es entrenador y siempre se puso desinteresadamente al servicio de los distintos equipos que se lo pidieran, como es propio de un maestro. El se especializa en enseñar aspectos del juego de los delanteros pero aclaro que conoce absolutamente todo el juego.

 

Avanzamos en la conversación, y me explicó (una vez más) algo nuevo (para mí). Me enseñó el concepto biológico de “apoptosis” que significa una “modalidad específica de muerte celular, implicada en el control del desarrollo y el crecimiento”. Mediante esta modalidad se extinguen o mueren células en modo programado y controlado, algo que ocurre en todos los tejidos como algo normal y natural. Es el caso, por ejemplo, de células envejecidas o que dejan de tener funcionalidad y que abren pasó así al desarrollo de células nuevas. En opinión de Roque, este principio es aplicable a la sociedad, en lo concerniente a las instituciones (clubes, organizaciones, países, etc.) y a las personas que las integran y dirigen. La renovación es un proceso indefectible que irá marcando el destino de las instituciones.     

 

Pero a poco de estudiar el proceso, descubrí que la apoptosis, como función programada y controlada, es también en gran medida frenada por el cuerpo, sobre todo en su aplicación a células que se necesita perduren por su necesaria función. Y así, siguiendo una vez más la inspiración de este maestro, vi claro que en todas las instituciones, como el país o los clubes, la renovación de las personas en distintas funciones es algo que debe aceptarse como algo saludable, dado e indefectible. Pero a la vez, no debemos olvidar que esta renovación no es absoluta, sobre todo no debe alcanzar nunca a aquellos que portan sabiduría, que son los mayores, quienes hasta el último minuto que Dios les de en este partido, son los encargados de iluminar con su consejo o sólo con su presencia los caminos de toda vida institucional. Y así, aunque parezca paradógico, es imperiosa la participación de los mayores en el proceso de renovación controlada de las instituciones, tal cual lo hace con ciertas células en la vida biológica, la apoptosis.

 

Sugiero reflexionar con la canción “Father and Son” interpretada por Cat Stevens. 

 

Francisco M. Lynch

 

Editorial para el programa radial El Hornero emitido el 12- 04 -2011

La importancia de proponer.

El otro día oí decir algo sobre la vida de Jesús que me llamó la atención. Ese hombre que modificó la  historia del mundo en modo radical tuvo una activa vida pública de solo tres años y no escribió ningún libro. Es decir que su mensaje de vida, fue propuesto al hombre (y digo propuesto porque nunca lo impuso sino que lo presentó sin quitar al hombre su libertad para aceptarlo o no), decía que, ese mensaje fue propuesto al hombre en un lapso tan breve como contundente y de un modo tan simple (no había tecnología) como profundo, mensaje que se proyectó y seguirá proyectando por los siglos de los siglos.

 

A veces nosotros nos encontramos con la legítima ambición de trascender en la vida, de dejar algo, de dejar una “estela” o “huella”, como se dice. Para ello hacemos esfuerzos  a veces ingentes y llenos de complejidades. A la vez juzgamos nuestras acciones por los resultados que vemos. Y si los resultados no llegan nos frustramos. En ese juzgamiento nos olvidamos de valorar  las intenciones, los propósitos y los modos elegidos, por nobles que sean. Es decir, olvidamos la propuesta misma.

 

Y ahí es donde me acuerdo del modelo de Jesús. ¿Que hubiera sido de su humana empresa de transmisión del mensaje de amor si el hubiera esperado ver en vida magnos resultados? Se hubiera truncado en el inicio. Es que, sin dudas, el hombre propone y Dios dispone. En todo es así. No dejemos de proponer entonces por no poder ver el resultado. El tiempo y la magnitud de los frutos de nuestra acción, que serán pequeños, medianos o grandes, no dependen de nosotros. Por eso los resultados no deben ser la vara para medir la gratificación personal de nuestras acciones. Más bien creo que debemos valorar el amor, la dedicación y la fidelidad con que recorremos el camino y sostener de buena fe nuestra propuesta de vida con el talante, la alegría y la inocencia del niño.     

 

 

Sugiero escuchar la canción “Vuele Bajo” de Facundo Cabral interpretada por Sandra Mihanovich. 

 

Francisco M. Lynch

 

Editorial para el programa radial El Hornero emitido el 22- 03 -2011

Lo esencial. (dedicado a mi amigo Adrián Salvo).

Nuestros días pasan. Y cada uno de esos días se compone de hechos y actos que protagonizamos y que poco a poco, lentamente van forjando aquello que llamamos “nuestra vida”.  Cada uno de esos días lo llenamos de cosas. Algunas parecieran que llegan solas y otras las provocamos nosotros. Pero lo cierto es que somos nosotros los que decidimos si aquello que ocurre o que promovemos será importante o no, si influirá en nuestro estado de ánimo, en nuestra paz interior y en el rumbo o destino que nosotros mismos vamos forjando.

 

Una buena medida para discernir y poner en su justo lugar cada una de las cosas que nos ocurren día a día y que van llenando nuestras vidas es la idea de lo fundamental o lo esencial por oposición a lo accesorio, a lo complementario y a lo coyuntural. En tal caso se me ocurre que todas las cosas pueden ser calificadas según su esencia mas allá de lo grandilocuente o luminoso en que se puedan presentar. A veces cosas que duran un instante son esencialmente trascendentes para nosotros y cosas que nos insumen muchas horas o mucha tecnología nos dejan solo vacío.

 

Lo esencial es invisible a los ojos nos dice Antoine de Saint Exupery en su obra El Principito.  Tal aseveración nos invita entonces a reflexionar sobre la esencia de las cosas que nos llegan día a día y a no dejarnos llevar por superficies vacías de ese contenido fundamental que necesitamos para forjar verdaderamente la vida que queremos. Y en eso estoy yo también, tratando de ver más allá, más profundo, para poder determinar si el Amor forma parte de la esencia de las cosas que me llegan día a día, para poder elegirlas o desecharlas con certeza, esa misma certeza que me recuerda que el tiempo pasa.  

 

Sugiero escuchar y disfrutar de la letra de la canción “As time goes bye”. 

 

Francisco M. Lynch

 

Editorial para el programa radial El Hornero emitido el 15- 03 -2011

Muchas Gracias

Este espacio destinado normalmente a enviar desde El Hornero un disparador para ayudar a reflexionar u opinar sobre algo que sea de utilidad para nuestras vidas o para nuestro espíritu, esta vez, por tratarse del último programa del año calendario quisiera utilizar estos minutos para agradecer. Para dar las gracias porque Mundo el Hornero se hizo realidad este año 2010.

 

Gracias a los oyentes, a los televidentes de nuestros microprogramas y a los seguidores que reciben pacientemente nuestra Newsletter semana a semana porque ustedes son los que hacen el proyecto junto con nosotros al recibir y participar de las historias de vida, de las noticias y de las realidades que nos propusimos comunicar. Gracias a los invitados que hicieron el programa con nosotros y abrieron su corazón a todos. Gracias a Aseguradores de Cauciones que fue la primer compañía que apoyó nuestra iniciativa y la hizo sostenible en el tiempo, a la fundación Levántate que recientemente se sumó a este esfuerzo y a Gas Natural BAN que también confió en el valor de nuestro mensaje en aras de aportar a la reconstrucción de nuestra nación.

 

Gracias a mi hermano Tomás por haberle abierto al Hornero una primer ventana a la T.V. permitiendo que nuestros micros se emitan dentro de su programa Actualidad Local y gracias a Simphony, sus directivos y operadores, por haber permitido que estemos en la radio. Gracias a las familias de Laura, de Santiago y mía propia, por haber respetado y acompañado nuestra vocación. Gracias a Marcelo por su permanente comprensión y por permitirnos estar presentes en la web. Gracias a nuestros amigos de decenas de entidades de la sociedad civil que utilizan nuestro medio para difundir quienes son, qué hacen y cómo aportan su grano de arena para hacer de este un mundo mejor y digno para todos.

 

Hoy, les deseamos a todos que tengan un muy buen 2011 pero fundamentalmente queremos agradecer a Dios por permitir que el proyecto Mundo el Hornero sea ya una realidad.

 

 

Francisco M. Lynch

 

Editorial para el programa radial El Hornero emitido el 28-12-2010

La paciencia.

Vivimos tiempos signados por la inmediatez. Tiempos en los que pareciera que la materialización de nuestros deseos debe cumplimentarse ya y que su satisfacción depende sólo de un “click” virtual en un teclado o en una pantalla. Cada vez nos olvidamos más de que somos seres temporales y por estar metidos en el tiempo lo necesitamos indefectiblemente. Necesitamos tiempo para elegir el mejor camino, para tomar la decisión más acertada, para conducir nuestro propio destino. Necesitamos tiempo para no ser manejados por otros, para no ser seducidos por opciones falsas o incompletas que nos llevan necesariamente a elegir sin libertad, corridos por la inmediatez propia de la ansiedad que impera en nuestros días.

 

La paciencia es la capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse. Es el poder emprender proyectos pesados o minuciosos, es la facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho, refleja una sana lentitud meditada para hacer las cosas.

 

Me inspiro en el hombre de campo que aguarda la lluvia, en la mujer argentina del norte frente a su telar e incluso en el presidiario que espera el cumplimiento de su condena para recobrar su finalmente merecida libertad. Y creo que una dosis de paciencia, esa virtud ineludible, ese don inapreciable, nos hace falta en grado sumo en nuestros días. Necesitamos incluir paciencia en nuestros actos, en aquellos que son gobernados por nosotros y en aquellos que nos exceden y nos hacen esperar en los demás. Muchos dependen de nuestras decisiones y debemos meditarlas. Sabiendo esperar aplacamos ansiedades, esas que producen a veces desencuentro y a veces una tristeza inentendible en hombres y mujeres que lo tienen todo. Transitar nuestros días con paciencia elimina esa angustia. Nos encuentra capaces de meditar previo al hacer y a la vez nos permite contemplar entero el más bello atardecer.

 

 

Recomiendo escuchar la canción ”Take your time” de Jon Anderson.

 

Francisco M. Lynch

 

Editorial para el programa radial El Hornero emitido el 07-12-2010

 

Soñar para vivir.

Como niños. Como chiquitos jugando, nos ha de mirar Dios. Que otra imagen puede venirse a mi mente si comparo la inmensidad eterna de Aquél que todo lo creó con la individualidad de cada uno, pasajera por este mundo, como nadie lo discute.

 

¿Qué puede inspirarnos esta  imagen? A lo mejor el recobrar la inocencia perdida y la ingenuidad que traemos al nacer. Una ingenuidad que nos crea expectantes de un mundo de sueños e imaginación. Un mundo maravilloso, no porque esos sueños se conviertan en realidad, sino porque permite vivirlos y brindarlos a los demás como sueños mismos, como imágenes que en modo sucesivo y continuado crea nuestra imaginación.

 

Tenemos que mirar atrás. Y aprender de los chicos. Volver a recuperar la capacidad de imaginar, de soñar, de generar sueños despiertos, bien despiertos para que no se esfumen cuando el inconciente se apaga al salir el sol de la realidad en las mañanas.

 

Sueños como caminos y sueños como metas, como objetivos. Sueños, de a cien, sueños de a miles. Sueños como semillas, bellas semillas de la naturaleza, perfectas en su diseño y colores. Perennes mientras vivimos. Y dispuestas algunas o muchas de ellas a morir y a reventar por nosotros, dando su propia vida para agrado de la nuestra, germinando y tornando en plantas, en flores en primavera o en árboles añosos.

 

Que los niños sueñen. Y que nosotros los chicos de Dios soñemos por siempre. De a cientos, de a miles de imágenes que mantengan viva nuestra existencia. Que en cada  uno de nosotros se erijan los sueños en bienes en si mismos a los que hay que hacerles tiempo y lugar.

 

Soñar e imaginar es un bien irrenunciable que generará la realidad del mañana. Que hará que podamos hacer carne aquél viejo deseo de libertad, de ser “arquitectos de nuestro propio destino”. ¿Qué futuro construiremos sin soñarlo previamente?

 

No nos perdamos la oportunidad, nadie va a venir a soñar por nosotros. Nadie hará mejor que vos tu sueño. Invitate a soñar, soñar siempre, hasta el final. Imaginá y jugá fuerte a la imaginación. Tal vez logres así, aún en momentos en que te toque andar por valles de lágrimas, iluminar a otros y a la vez provocar la sonrisa de Aquel que se hace un tiempo para observar con ternura el imaginario juego de un niño.  

 

Francisco M. Lynch

 

Editorial para el programa radial El Hornero www.mundoelhornero.com.ar emitido el 09-11-2010

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