El 25 de mayo de 1810.

“El pueblo quiere saber de qué se trata” se escuchaba aquella tarde en la plaza mientras la multitud golpeaba las puertas del Cabildo presionando por una resolución de ese cuerpo que satisfaga los deseos de la población criolla. Es que los poderes virreinales españoles de la época habían caído en desgracia y hasta las fuerzas de seguridad ya no tenían el aval de una población dispuesta a levantarse contra las autoridades. Se ansiaba libertad de gobierno. Se aspiraba con fervor a una autodeterminación. La sociedad criolla abrigaba por ello un espíritu levantisco desde hacía un tiempo. En esos días de mayo llegó en un barco inglés la noticia que representaba un fuerte viento de cola para la revolución: España caía de rodillas ante las tropas napoleónicas. Fernando VII ya no gobernaba. El poder ya no lo detentaba aquél y entonces en estas tierras debía revertir en el soberano pueblo americano.

El Cabildo porteño, que primero había designado una junta de gobierno mixta, presidida por el propio Virrey Cisneros, cedió finalmente a la presión popular y pidió su renuncia (quien la presentó de inmediato). Se nombraba así el primer gobierno puramente patrio, compuesto por criollos: la Primera Junta de gobierno. Cuenta la historia que el pueblo porteño festejó grandemente la llegada del primer gobierno compuesto totalmente por criollos (hijos de españoles nacidos en suelo americano o bien españoles afincados espiritualmente para siempre en estas tierras). La celebración y un desfile de hombres y mujeres, ancianos y niños entre estruendos de fusiles al aire y campanas de los templos caracterizaron lo que se dio en llamar “una Revolución serena como la aurora de un día hermoso” al decir de Juan María Gutiérrez.

Y a partir de allí, ¿que?. Pues vino el tiempo de asumir la responsabilidad que conlleva toda libertad. Buenos Aires, aquel 25 de mayo asumió una iniciativa a la que fueron adhiriendo luego las restantes provincias unidas del sur.

Pero nos costó mucho, muchísimo a partir de aquél primer grito de libertad el unirnos en una federación organizada. Sin mengua de las guerras por la independencia decretada en 1816, nos costó nada menos que cincuenta años llenos de guerras y muerte entre hermanos arribar a la Constitución Nacional de 1853-60. Un país se proyectaba. Los pueblos originarios, con su propia historia a cuestas (también llena de aciertos y de guerras fratricidas) pactaban a veces y otras luchaban hasta perder su guerra con el blanco. Mientras tanto, a fines del siglo XIX y a principios del XX ingresó una gran cantidad de personas, en general europeas, al país; una gran inmigración cuya historia era diversa, distinta. Pero llegaban a esta tierra argentina dispuestos a escribirla con el sudor de su frente por el bien de sus hijos y de los hijos de sus hijos. Mucha agua corrió bajo el puente. Hoy miro hacia atrás. Quisiera darle al 25 un significado en el que todos nos sintamos involucrados. El tiempo ayuda. Nos hermana. Y la Constitución pretende justamente eso. Fue diseñada para eso. Pienso en el primer gobierno patrio. ¿Qué es patria? Según la Real Academia patria es “la Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”.

A partir de esta precisa definición, miro hacia atrás tratando de revisar esa ligazón de todos nosotros con nuestra tierra. Veo que nos costó mucho conseguir el vínculo jurídico común que se refleja en  nuestra Constitución Nacional. Veo también que contamos con una insipiente vínculo histórico que ya data de al menos cien años de estar “todos juntos” en esta bendita tierra argentina. Me parece que lo que falta es el vínculo afectivo. Ese que tenemos que cultivar día a día con esmero, con delicadeza, con respeto por el prójimo, con amor y con mucho cuidado por el otro. Eso falta. Eso nos falta. Por eso, a todos los compatriotas y a todos los estamentos de gobierno patrio de este Siglo XXI les imploro trabajar sin descanso por descubrir, desarrollar y consolidar el vínculo afectivo entre nosotros, por el solo hecho de habitar este suelo. Solo así la raíz o ligazón a nuestra tierra será completa y nos hará dar buenos frutos. Solo así podremos desde el sur brindar al mundo lo mejor de nuestras provincias unidas. Con este ruego, con este deseo, este 25 quiero gritar con todos ustedes ¡Que viva la Patria!.

 

 

Francisco M. Lynch

 

Editorial para el programa radial El Hornero emitido el 25-05-2010

LO EFIMERO

La Tierra gira

Nosotros con ella

Por un rato.

 

Un verano en paz

Un larguísimo invierno atrás.

¡Todo es efímero!

 

Nos recuerda

A menudo,

La vida que pasa.

 

Un proyecto, un plan

A veces se cumplen.

Sólo a veces.

 

El Tiempo se expone

Como una línea

Pero no lo es, tanto.

 

Son todos puntos

Presentes

Que se suceden

 

Yo planeo

Proyecto

Pero vivo el punto.

 

Es que no se

Cómo será el siguiente

Ni si será.

 

No olvides

Vivir cada punto

Para no perderlo.

 

Vivirlo a pleno

Libre,

Fructífero.

 

Pues no regresa

Y puede ser el mejor

O el último.

 Francisco M. Lynch

El juego como fenómeno cultural y elemento subyacente en la relación entre las Organizaciones Sin Fines de Lucro y sus Voluntarios.

Por  Graciela Halasz y Francisco M. Lynch*

 

 

El elemento lúdico llena de sentido la ocupación vital del hombre y a la vez acompaña y penetra la cultura toda desde sus comienzos hasta su extinción. En base a la tesis del “homo ludens” propuesta por el catedrático Johan Huizinga y otras fuentes reunidas, este artículo se propone efectuar un aporte sobre un aspecto crucial en las relaciones entre las Organizaciones Sin Fines de Lucro y sus Voluntarios. 

 

 

La cultura humana brota del juego- como juego- y en él se desarrolla” asevera a modo de prólogo el catedrático holandés Johan Huizinga (1872-1945) en su trabajo “Homo Ludens”, tesis que nos recuerda desde su inicio que la civilización humana no ha añadido ninguna característica esencial al concepto del juego. Los animales juegan, lo mismo que los hombres. Aquellos “pueden jugar y son, por lo tanto, algo más que cosas mecánicas. Nosotros jugamos y sabemos que jugamos, somos, por tanto, algo más que meros seres de razón, puesto que el juego es irracional” refiere este autor. Con esta afirmación pretende figurar que el juego existe previo a la cultura y acompaña y penetra a ésta desde su inicio. Con ello, las ocupaciones primordiales de la convivencia humana están ya impregnadas de juego. Reconocemos así el carácter lúdico de toda la vida cultural donde el juego auténtico, en estado puro, se constituye en factor fundamental de la cultura. En la conexión entre juego y cultura surgen desde juegos primarios (fáciles de notar y describir) como el de los niños o animales jóvenes hasta los juegos de índole social como formas superiores de juego (competencias, carreras, exhibiciones, representaciones, danzas y músicas, mascaradas, torneos). Existen ciertas características comunes y primigenias que definen al juego. 1) La primera es el hecho que todo juego es primordialmente libre, es decir una actividad realizada con libertad. El niño y el animal juegan por gusto y en eso consiste su libertad. Para el hombre adulto, es una actividad o función que éste puede abandonar en cualquier momento. Su continuidad surge del placer que experimentamos con el juego. No se realiza en virtud de una necesidad física y mucho menos de un deber moral. No es una tarea. Pero puede convertirse en una función cultural. 2) Una segunda característica es que el juego no es la vida corriente. Más bien consiste en escaparse de ella. En palabras de Huizinga es  “ese algo que se halla fuera del proceso de la satisfacción directa de necesidades y deseos y hasta interrumpe este proceso. Se intercala en él como actividad provisional, temporaria. Actividad que transcurre dentro de sí misma y se practica en razón de la satisfacción que produce esa misma práctica. Es decir que es un complemento para la vida misma, “Adorna la vida, la completa y es, en este sentido, imprescindible para la persona, como función biológica y para la comunidad, por el sentido que encierra, por su significación, por su valor expresivo y por las conexiones espirituales y sociales que crea; en una palabra, como función cultural”. 3) En tercer término, otra característica esencial del juego es su limitación en tiempo y espacio. Se juega dentro de límites espacio-temporales. Se marca previamente el campo y se determina desde y hasta cuando se juega. El estadio, la mesa de juego, el círculo mágico, el templo, la escena, la pantalla, el estrado judicial, son por la forma y función campos o lugares de juego separados en el que rigen determinadas reglas. Como los califica el citado catedrático son “Mundos temporarios dentro del mundo habitual, que sirven para la ejecución de una acción que se consuma en sí misma”. Y una vez que se ha jugado permanece en el espíritu y en el recuerdo como creación cultural. Se transmite por tradición haciéndose posible su repetición como condición esencial (tiempos, series, fechas de juego). 4) Precisamente hablando de reglas, tenemos aquí un cuarto elemento positivo y característico del juego. Sus normas. El orden a través de reglas tiende a llevar al mundo imperfecto y a la vida confusa una perfección provisional y limitada. El juego en orden a estas reglas tiende a ser bello, propende a influir con ese orden en el campo de la estética. Tensión (incertidumbre, azar), equilibrio, oscilación, contraste, variación, traba, liberación, ritmo y armonía son cualidades nobles que otorgan belleza al expresar las cosas. Cada juego tiene sus reglas propias que determinan lo que vale y lo que no dentro del mundo provisional del que hablamos. En este aspecto, el jugador que infringe las normas sustrayéndose a ellas, ignorándolas, es un “aguafiestas” (un “estropeajuegos”). No se trata del jugador tramposo, pues este reconoce el campo y acepta la validez de las reglas por más que pueda trampearlas y hasta ser sancionado por ello. El aguafiestas, por el contrario, arrebata al juego la ilusión, literalmente “no entra en juego”. Precisamente por eso, tiene que ser expulsado del juego porque amenaza la existencia del equipo. Esta figura del aguafiestas se destaca mucho en los juegos de jóvenes. El aguafiestas deshace el mundo mágico y por eso es expulsado. 5) La relación entre jugadores marca una quinta característica básica del juego. El sentimiento de equipo tiende a perdurar aún después de terminado el juego. Como dice Huizinga es “El sentimiento de hallarse juntos en una situación de excepción, de separarse de los demás y sustraerse a las normas generales mantiene su encanto más allá de la duración de cada juego”. 6) El carácter mayormente agonal del juego es una de sus características salientes y la sexta elemental para tener en cuenta. Generalmente el juego ofrece un carácter antitético (dos jugadores, dos bandos, dos equipos) y aparece generalmente el carácter agonal (lucha) aunque debemos advertir que no necesariamente deben estar presentes (danzas, desfiles, exhibiciones). El carácter agonal de la vida cultural ya se demostraba en las comunidades arcaicas, como el uso de los denominados “potlach” de una tribu de indios de la Columbia británica, encuentros festivos en que los distintos grupos competían, entre otras representaciones, por demostrar quién era más generoso con el otro o bien quién era el más desprendido de sus bienes materiales destruyéndolos fanfarronamente. Debemos recalcar entonces que la cultura no empieza como juego ni se origina en él sino que es, más bien, juego y el fundamento antitético y agonal de la cultura se nos ofrece en el juego que es más viejo que toda la cultura.   

 

El juego en definitiva es una lucha por algo o una representación de algo. Como señala nuestro autor “El jugar juntos, el luchar, el presentar y exhibir, el retar, el fanfarronear, el hacer “como si” y las reglas limitadoras se dan ya en la vida animal. La competición y la exhibición no surgen, pues, de la cultura como sus diversiones, sino que, mas bien la preceden. La seriedad con que se verifica una competición en modo alguno significa la negación de su carácter lúdico”. Las competiciones, como juegos, aparecen sin otra finalidad que la de desenvolverse en sí misma y su desenlace no participa del proceso vital del equipo. Este desenlace cobra importancia solamente para aquellos jugadores (y también espectadores) que penetran en la esfera del juego y aceptan sus reglas. Se lucha o juega “por algo”. Al terminar el juego una ganancia acompaña algo más que el honor. Puede ser simbólica, material o de valor exclusivamente ideal. Una copa, un liderazgo, una joya, la hija de un rey o diez centavos, la vida del jugador o el bienestar de toda la tribu. Se juega por algo y además, el esfuerzo se orienta hacia el prestigio del jugador o equipo, hacia la superioridad sobre los otros.  

 

Perdura el contenido lúdico en la época contemporánea con ciertas particularidades. Por caso, el deporte, cada vez se torna más en algo serio y la creciente sistematización y disciplina del juego hacen que vaya perdiendo su contenido lúdico puro. Esto se manifiesta en la distinción de los jugadores en profesionales (trabajadores) y aficionados (jugadores). La actitud del profesional no es la auténtica actitud lúdica pues están ausentes los componentes de espontaneidad y despreocupación. Estas expresiones no son ya actividades creadoras de cultura sino meras funciones estériles en las que se ha extinguido en gran parte, el viejo factor lúdico. El juego deviene demasiado serio y el estado de ánimo propio del juego desaparece más o menos de él. Para que el juego sea una verdad el hombre, mientras juega, tiene que convertirse en niño, de lo contrario carece de la propiedad lúdica esencial. Asimismo, desde otro enfoque, un fuerte carácter agonal se esparce hoy por el mundo penetrando la cultura. Es el caso de la competencia mercantil en el ámbito empresarial y de negocios. La construcción del edificio más alto del mundo, el tonelaje máximo de un transatlántico, la cinta azul para la travesía más rápida son ejemplo. Elementos puramente lúdicos que posponen la consideración de utilidad. Y lo serio se convierte en juego. Pero a la vez, las organizaciones inspiran en su gente el factor lúdico para aumentar su rendimiento. Es decir, se revierte el proceso. El juego vuelve a tornarse serio. Vinculado a esto, para incrementar el espíritu competitivo grandes empresas o universidades organizan sus propios equipos deportivos llegando a incluir en sus nóminas a quienes juegan bien el deporte y no tanto a aquellos que reúnan apropiadas condiciones laborales o estudiantiles.      

 

Huizinga concluye que una cultura auténtica no puede subsistir sin cierto contenido lúdico. La cultura exige ser “jugada” bajo reglas recíprocamente aceptadas y debe ser jugada en puridad para que tenga efecto creador. En el idioma inglés el verbo “to play” si bien literalmente puede traducirse como “jugar” significa en su uso mucho más que eso. Es un verbo utilizado para describir acciones de ejecución amplias.

 

Yendo a nuestro tema, luego de la presentación sobre la preeminencia del juego a la cultura, podemos juntos preguntarnos: ¿No será necesario o conveniente para las Organizaciones sin Fines de Lucro (OSFL) enfocar desde esta lógica del juego y de sus características siempre presentes en la cultura, la actuación y el marco en que han de desempeñarse los voluntarios que libremente eligen participar en ellas?

 

La relación de las OSFL con sus Voluntarios.

 

Mucho se ha escrito sobre la actuación de los voluntarios en las OSFL. También sobre los aspectos que rodean a la relación con la entidad sea desde la selección de las personas, en los inicios de la relación y en su desarrollo, mantención y hasta su finalización. En general, este tipo de estudios van dirigidos a las Organizaciones para ayudar a éstas a dirigir y llevar a cabo estas acciones con la mejor pericia. Así lo hacen por ejemplo Malgorzata Ochman y Pawel Jordan en su “Volunteers: A Valuable Resoruce” donde explican la motivación en base a la pirámide de necesidades de Abraham Maslow en la que aparecen necesidades de variada gama y rango (social, satisfacción personal, etc.) que pueden llevar a un voluntario a listarse en una Organización. Se pone el acento en la coordinación de los voluntarios, en su debido reclutamiento en base a las necesidades de la entidad, con entrevistas previas sujetas a ciertas pautas. También en el consustanciar al voluntario con la misión y su preparación para el trabajo, las tareas de coordinación en la relación de los voluntarios con la Organización y con el personal rentado, la motivación a través del reconocimiento al voluntario por los servicios prestados (a través de distinciones, premios, etc.) y procesos dignos de desvinculación de los voluntarios de la Organización.      

 

Pero sin mengua de dichos valiosos aportes, pensando ahora en los Voluntarios a la luz de la tesis del “homo ludens”, ¿acaso no han de vivir su actividad en las Organizaciones (1) dentro de un marco de libertad, (2) que escapa a la vida corriente, (3) con limitación de tiempo y espacio, (4) bajo ciertas normas o reglas de la Organización y de la actividad en que se proponen trabajar, (5) en equipo y (6) luchando por una misión que pueden hacer suya? No es fácil encontrar actividades, como lo es el voluntariado, en la  que subyacen acabadamente las características del juego puro, según éste se describe como actividad típica del “homo ludens” que todos llevamos dentro. Y no sería una mala idea que las Organizaciones tomen en cuenta esta verdad intrínseca de la existencia humana para “marcar la cancha” y desarrollar con base y raíz en el juego la cultura del voluntariado que acompañará y cimentará parte fundamental de la vida de la Organización.

 

Será menester entonces para las Organizaciones, en modo previo a adoptar e implementar técnicas y teorías sobre tratamiento del voluntariado, el considerar y prestar atención a uno y cada uno de los tópicos que emanan del interior de cada voluntario como “ser cultural y hombre que juega”. Esto, al postularse, al prestar o al dejar de prestar servicios voluntarios en una entidad. Así, con independencia de las valiosas técnicas aplicables en cada caso concreto (de reclutamiento, desarrollo y desvinculación de voluntarios), sugerimos que cada Organización asiente las bases del voluntariado y sujete sus programas y técnicas a las siguientes premisas:

 

1)      LIBERTAD. El voluntario debe incorporarse y desarrollar sus actividades sintiéndose libre, con gusto de lo que va a hacer o lo que se le instruye a que haga. Una actividad o función que éste puede abandonar en cualquier momento. Gratuita desde lo económico, su continuidad surge del placer que experimentará con la actividad como juego en los términos amplios establecidos. No da lugar a que sus servicios sean ofrecidos como necesidad material del voluntario y mucho menos de un deber moral. No es una tarea obligatoria. Pero puede convertirse en una función cultural creadora en la medida en que todas las condiciones del “juego” estén presentes.

2)      INTERRUPCION DE LO CORRIENTE. Un Voluntario que juega ofrece sus servicios o su ayuda fuera del ámbito de lo que le es corriente. Mientras lo hace se escapa de la vida corriente. Sin dejar de ser adulto y comportarse como tal, juega, en algún sentido, como el infante. Es una actividad que queda fuera del proceso de la satisfacción directa de necesidades y deseos, interrumpe el proceso por conseguirlos. El voluntariado es una actividad que se intercala como provisional, temporaria. Actividad que transcurre dentro de sí misma y se practica en razón de la satisfacción que produce esa misma práctica. Es decir que es un complemento para la vida misma. Adorna la vida, la completa y es, en este sentido, imprescindible para la persona, como función biológica y para la comunidad, por el sentido que encierra, por su significación, por su valor expresivo y por las conexiones espirituales y sociales que crea; en una palabra, como función cultural.

3)      TEMPORALIDAD Y ESPACIO. Todo voluntario será convocado para realizar sus tareas con limitación en tiempo y espacio. Se juega dentro de límites espacio-temporales que garanticen la interrupción de lo corriente a que nos refiriéramos previamente. Cada voluntario deberá ceñirse a esta premisa para que su actuación responda a ese juego innato que lleva dentro. El espacio que le brinda la Organización o el programa que desarrolla son por la forma y función campos o lugares de juego separados en el que rigen determinadas reglas. Desarrollados ciertos hábitos y una vez que se ha jugado, permanecerá en el espíritu y en el recuerdo del voluntario su vivencia como creación cultural. La transmitirá y hará posible su repetición o reproducción en momentos, series, fechas que se prolongan en el tiempo.

4)       REGLAS DE JUEGO. Las normas previamente consensuadas entre la Organización y los voluntarios han de ser precisas y claras. Representa un elemento positivo y muy necesario en el voluntariado para que la relación sea a la vez productora de cultura y de beneficios para la Organización, para los destinatarios y para los propios voluntarios. Las reglas de juego son el orden aceptado por el voluntario que llevan al mundo real e imperfecto y a la vida confusa corriente una perfección provisional y limitada (la de este juego de ser voluntario). Estas normas traerán a la actividad su “estética” y percibirá el voluntario su accionar dentro de ellas algo bello y satisfactorio por naturaleza con la tensión propia de la incertidumbre y el azar, el equilibrio, la oscilación, el contraste, la traba y liberación, el ritmo y la armonía como cualidades nobles que otorgan belleza a sus acciones,  productos o resultados. Mientras acepte esas normas (aunque las pueda incumplir a veces, por eso de que errar es humano o por debilidad) no se constituirá en  un “aguafiestas” inútil o nocivo para los fines de la Organización. Y de no aceptar dichas reglas, deberá ser separado de la Organización.

5)      PERTENENCIA A UN GRUPO O EQUIPO. La relación entre voluntarios e incluso de éstos con personal rentado, unidos por un programa o actividad tras la misión marca un fuerte sentimiento de equipo. Un sentimiento de hallarse juntos en una situación de excepción, apartada de lo corriente, sustraída de las normas generales del sustento vital. Y mantiene su encanto más allá de la duración de cada actividad.

6)       CARACTER AGONAL. Mayormente presente, el espíritu de lucha será una característica saliente que inspirará la actividad del voluntario que ha de encarar acciones en la Organización. El factor antitético no tiene por qué estar presente en una figura personificada sino que puede estar representada por misiones genéricas tales como el “hambre en ciertas zonas de una provincia”, la “falta de alfabetización en una ciudad”, “los desastres de un huracán en una región” etc., o bien objetivos particulares como el “parar la enfermedad de un paciente” “paliar el hambre de un sin techo” o la “conquista de una habilitación para funcionar en un determinado lugar”. La mayoría de las acciones pueden ser encaradas con este carácter propio del juego. Todo voluntario debiera sentirlo y ser desafiado e invitado por la OSFL a imprimirlo en sus actividades.

 

Como conclusión, las Organizaciones no debieran dejar de tener en cuenta estas características del juego creando en sus entidades el marco necesario y que responda a estas seis características básicas para que, en cada actividad, los voluntarios desarrollen sus potencialidades “jugando” su papel con la convicción y fuerza que emana desde las entrañas y que imprime su cultura tal cual ocurre desde tiempos arcaicos. Todos estos postulados como conjunto explican la necesidad de un marco original en que se ha de sustentar el desarrollo del voluntariado que responda a un natural requerimiento de los voluntarios y a la vez caracterice la “cultura” de una Organización.  

 

El juego como marco elegido por las Organizaciones para sus colaboradores. Los voluntarios, “jugadores” por excelencia más que trabajadores no rentados.

 

Cada vez se ven más organizaciones que recurren al juego como elemento presente y necesario en el desarrollo de su personal. En la actualidad la empresa Google en Buenos Aries privilegia un ambiente laboral especial con salón de juegos con consolas de última generación, ping pong y metegol además de cabinas para videoconferencias y una circulación que hace sentir a cada persona parte de un todo. Así lo explica su gerente Victoria Campetella en nota publicada en la sección económica del diario La Nación del 15 de noviembre de 2009: “en la oficina el ambiente de trabajo es muy dinámico, privilegia la performance con base en objetivos, el trabajo en equipo, la innovación, la pasión por lo que uno hace y por supuesto las ganas de divertirse. También así lo refleja la entrevista realizada al director regional de Manpower Horacio de Martini, quien en referencia a su empresa de más de 40 años de trayectoria recalcó “… mi formación como jugador y después como entrenador fue una herramienta central para mí. El rugby enseña a trabajar en equipo y a manejar grupos.

En el plano específico de las OSFL y su relación con los voluntarios no encontramos literatura profusa sobre el reconocimiento conceptual de la aplicación de los elementos del juego en la génesis y desarrollo del voluntariado. Es decir, no vislumbramos desde las Organizaciones un enfoque del rol del voluntariado como “el juego necesario que un voluntario ha de jugar”. Por ello, invitamos al lector a descubrir esta necesidad desde el testimonio de los propios jugadores, los voluntarios, que frecuentemente sacan a la luz, declaraciones que subrayan los elementos del juego siempre presentes en ese papel. Por caso, Carolina, voluntaria de la Sala de Juegos de la Fundación Natalí Dafne Flexer (ayuda a niños con cáncer) destaca como caracteres de su rol el carácter espacio – temporal especial, el equipo y la satisfacción propia del juego que le brinda su actividad:  “En la Fundación aprendí cosas pequeñas que tiene la vida y que antes no valoraba. Es mi deseo seguir formando parte de la Fundación por siempre y que todos sientan la alegría que yo siento los días que estoy acá. Las supervisiones me enseñan muchísimo y me ayudan a mejorar en mi trabajo. El grupo de voluntarios es un gran apoyo, además tengo con quien charlar y compartir experiencias. Para mi la Fundación es vida, alegría que me llena el alma.” En igual sentido, Graciela, voluntaria de  Casa Cuna dice “El trabajo significó una de las mejores vivencias en los últimos tiempos ya que no sólo me permitió hacer lo que me gusta de alma que es trabajar con chicos, sino que me aportó un gigantesco bagaje de emociones y retribuciones por parte de los chicos y de los padres. Siento que ofrecí mi compañía y mi cariño, lo que me generó una alegría inmensa. Desde que pertenezco a este grupo siento que crecí interiormente. Para mi la Fundación pasó a formar parte de mi mundo. Tengo un gran lugar de pertenencia.”. La organización Help Argentina permite entre otras cosas que voluntarios del mundo desarrollado ayuden a programas locales. Es el caso de Sarah Cassidy, quien luego de prestar servicios voluntarios en el Chaco dio su testimonio del que extractamos aspectos salientes que subrayan los elementos del juego puro en especial la libertad y el tiempo y espacio delimitados y el carácter agonal de la actividad: “Mi rol como voluntaria fue crear actividades para los chicos de La Estrella. Desde el comienzo, Mercedes aclaró que podía hacer cualquier tarea que considerara necesaria, y realmente aprecié la libertad para hacer cosas como ayudar a los médicos, crear torneos de voley y otros trabajos esporádicos. En las mañanas ayudaba en el jardín de infantes como asistente de la clase. Los niños viven en chozas y son libres de explorar el pueblo y sus alrededores, de ésta manera, el mayor reto reunir dieciocho niños de tres a cinco años en una clase. …Fue un placer para mí ayudarlos a dibujar y crear, tanto como verlos hablar, reír y cantar en su lengua local. No siempre era fácil vivir en La Estrella y había tiempos que me sentía abrumada por mis circunstancias, sin embargo en retrospectiva palidecían en comparación con los increíbles recuerdos, cultura y gente de la que había sido parte brevemente.”

La lista de ejemplos sería muy extensa, pero dejamos para el final un testimonio muy particular por reflejar bien el tópico del juego que traemos en este artículo. Se trata de un voluntario del programa MAGIS del Voluntariado Jesuita en el Perú que busca fomentar la sensibilidad social y la participación activa de los jóvenes a través de diferentes proyectos de ayuda a poblaciones en situación de riesgo; y que incentiva no sólo la acción, sino también la reflexión continua de la realidad atendida. El “Comedor MAGIS” brinda alimentación a unos 150 niños cada día, niños en situación de extrema pobreza y en situación de riesgo. El 11 de noviembre de 2009  César Castillo dejó su testimonio en el blog de este comedor que se titula “Los niños que nunca queremos dejar de ser.” Al respecto señala que Aunque la frialdad con que vivimos los que nos creemos adultos haga que perdamos cualquier ansia de afecto o del juego, siempre encontramos espacios en los cuales podemos dejar de lado aquella camisa de fuerza que nos retiene y no nos deja ser nosotros mismos. La verdad, es que estos lugares son muy pocos y a veces sólo quedan en nuestra imaginación. El MAGIS COMEDOR es uno de esos lugares de “fantasía” en donde podemos encontrar amistad y cariño; relajo y juego; vida y luz. No malinterpreten estas comillas, no creo que la fantasía sea mala, sólo me alegra mencionarlo. Mientras nos movemos en un mar de rencores y cansancios los niños de este comedor con su típica sencillez nos muestran su sonrisa. Algo que me mantiene vivo. Algo que me mantiene más alegre que nunca. …Los niños del MAGIS son un oasis de luz en un mar de tinieblas lleno de humo y ruido. Es imposible creer como la ciudad tenga un rinconcito de luz en ese pequeño local del jirón Chancay en donde les compartimos a nuestros pequeños cada sábado lo mejor de la poca energía que nos queda …. Ellos siempre te llevarán a ansiar ser niño de nuevo. Y en esas dos horas que duran nuestras visitas te cumplirán ese deseo sin cobrarte nada. Puede ser que el que los ayudes a sonreír (tarea muy sencilla) sea un gran servicio, pero que caro es hacerte sonreír a ti.”

 

Surge del testimonio, más allá del lenguaje lineal, la profundidad con que concibe y “vive” el voluntario su actividad. En un marco de libertad que abre un paréntesis en la dura vida corriente, limitado en tiempo y en un espacio fantástico, bajo ciertas normas que denota el apoyo de un equipo jesuita, colaborando con la misión del comedor, en una actividad típicamente vivida como juego antitético entre los beneficiarios (hacerlos sonreír) y el voluntario (hacerte sonreír a ti).

 

De los casos que se repiten en modo constante podemos obtener una clara conclusión. Las OSFL al momento de decidir sus estrategias y políticas de voluntariado debieran mirar, prever y estar más atentos a esta concepción para que la estructura y organización del trabajo voluntario reúna los seis elementos básicos del juego en estado puro. Si uno de dichos elementos faltare en la Organización no estaremos en presencia de un “voluntariado” a ser jugado de veras sino de personal no rentado que, al faltarle uno o más de estos elementos, pierde la posibilidad de “entrenarse y jugar el juego” al que el o ella estén dispuestos a jugar con discernimiento, intención y libertad. Sin dudas, esta concepción trae realismo a la relación (OSFL-voluntario) en cuanto no se exige ni se espera de un voluntario más de lo que libremente quiere y puede rendir según las reglas acordadas y los desafíos libremente aceptados. La diferencia se nota en la satisfacción de los voluntarios al desarrollar su actividad siendo respetada su esencia cultural de jugadores. Por otra parte, los resultados, organizada que sea desde esta concepción la estructura del voluntariado, llegan rápidamente por añadidura, transparentándose las relaciones, atendiendo a los verdaderos motivos de su sustento en el tiempo y también de sus conflictos y hasta su agotamiento.

 

Un desafío para las OSFL será entonces el concebir y coordinar espacios para voluntarios de desarrollo, formación y “entrenamiento” donde los principios de libertad, interrupción de lo corriente, temporalidad y espacio, reglas de juego, pertenencia a un grupo o equipo y espíritu de lucha, definidos anteriormente, estén presentes como pilares básicos sobre los cuales construir los demás aspectos de la cultura voluntaria propia de cada entidad.

 

Con estas premisas, reiteradas intencionalmente a lo largo de este artículo, quienes actuamos en organizaciones sin fines de lucro debiéramos de tanto en tanto revisar si todos los elementos del juego están presentes en nuestra estructura y organización del voluntariado. De no ser así será menester corregir el rumbo en esa dirección. Los beneficiarios, los voluntarios, la organización y la sociedad toda imbuida de una cultura ancestral insoslayable, de seguro nos lo ha de reconocer.

 

—.—

 

*        Los autores fueron alumnos de la materia Gestión de Recursos Humanos y Desarrollo de Voluntarios en Organizaciones Sin Fines de Lucro a cargo del Profesor Ariel Kievsky del Posgrado en Organizaciones Sin Fines de Lucro Cedes-Universidad de San Andrés - Promoción XIII – 2009. El presente artículo constituye su trabajo final para dicha materia.

DIALOGO DE LIBERTAD CON MARCELO

-Digo “busco libertad”

Más no dispuesto a encontrarla

Vivo holgada esclavitud.

 

Mi tranquilidad pende

Triste

De  monedas de una caja.

 

Cobarde ante el devenir

Voy matando al hacedor,

Al hidalgo, al solidario.

 

El orgullo humano,

Y el pensar ajeno

Me impiden lo auténtico.

 

Y yo, vanidoso ser

Sirvo al pánico cruel

 ¡No pierdas tu esclavitud!.

 

¿Dónde está la libertad?

Nadie me la entregará

Sin erigirlo yo en amo.-

 

-No te distraigas,

¡Si te pensás liberal

Quitate ahora esas cadenas!

 

Que lucen de bronce

Y las has de hacer arena

Para escurrirte.

 

Y volá sobre tu Juicio

Al encuentro de tu rumbo

Libertad, libertad.

 

Solo vos la has de encontrar

Fijate como hizo  Aquel,

Que dio su vida por nos.

 

Y ya vas a ver, vas a ver.-

 

Amén.

 

Francisco M. Lynch

El inminente rol político de las organizaciones civiles en la Argentina del siglo XXI.

El presente trabajo fue presentado en el Posgrado en Organizaciones sin Fines de Lucro de Cedes - Universidad de San Andrés, Promoción XIII - 2009, perteneciente a la materia “Tercer Sector, Economía social y Capital Social en la Argentinaa cargo del profesor Mario Roitter. Qusiera compartirlo con los lectores de Oga-í.

 

Introducción y alcances de este trabajo.

 

El adentrarnos en el debate sobre el rol político y por añadidura, económico y social de las entidades sin fines de lucro en nuestro país supone un ejercicio previo de ubicación en el contexto temporal. La realidad y el escenario que hemos de enfocar para aportar ideas a dicho debate se presentan como factores fundamentales para un intercambio fructífero o al menos capaz de generar cuestiones relevantes que nos acerquen a una conclusión. Aportar una idea sobre los aspectos que canalizarán el rol de las entidades de la sociedad civil en la faz constitucional de nuestra Argentina del siglo XXI es el objeto de este trabajo.   

 

Breve enfoque histórico y definición del tercer sector.

 

Si bien desde una perspectiva histórica podemos advertir una constante presencia de entidades de la sociedad civil desde los albores de la organización nacional, es cierto que su composición, injerencia social, roles y fines se han ido adaptando en concordancia con el devenir y las condiciones de los momentos históricos, aunque siempre respondiendo a consignas concebidas en cada uno de esos momentos como iniciativas con propósitos de bien público dentro del campo social. Hemos visto al respecto en “Historias del Sector sin Fines de Lucro en Argentina” por Andrea Campetella e Inés González Bombal que el desarrollo de las organizaciones de este tipo fue paralelo al de la sociedad argentina y ese desarrollo respondió fundamentalmente a necesidades sociales de cada época. Como emblemas de estos hitos históricos encontramos una sociedad de fines del siglo XIX y principios del XX cuyo orden político social patrimonialista presenta a la Sociedad de Beneficencia como expresión cabal de iniciativas de la elite hacia los más necesitados. Avanzando la primera parte del siglo XX una inmigración de magnitud caracterizaba la vida social argentina en especial en las grandes urbes. Para tener una idea de dicha magnitud, acudamos a las estadísticas que presenta David Rock en su “El Radicalismo Argentino 1890-1930 - Amorrortu ediciones” en cuanto informan sobre la composición de las poblaciones urbanas de nuestro país en 1914: “Los inmigrantes representaban el 40% de la población urbana total de la provincia de Buenos Aires y alrededor del 31% de la de Santa Fe; sin embargo, la ciudad de Avellaneda, en la primera de las nombradas, tenía un 55% de población extranjera y la de Rosario, en la segunda, un 47%; solo en los pueblos atrasados del interior predominaba la población nativa: en centros tradicionales como La Rioja y Catamarca, superaba el 95%…. los inmigrantes estaban sometidos al fuerte influjo de la sociedad urbana, donde había comparativamente mas oportunidades de movilidad social y de adquisición de propiedades y habilidades que en las zonas rurales, en las que la tierra era controlada por la elite”. Así, ante la necesidad, el espíritu asociativista se abría paso ya no entre la elite sino entre los propios actores protagonistas de la inmigración y sus primeros descendientes, desarrollándose sindicatos de trabajadores, asociaciones de socorros mutuos, organizaciones políticas (comités de base del radicalismo y centros socialistas) asociaciones de fomento y bibliotecas populares, entre otras. Mas adelante, las organizaciones cobraron singular importancia con el advenimiento del populismo y la extensión de los derechos sociales encarnados por el gobierno de tinte totalitario de Juan Perón con el fomento político desde el estado hacia las organizaciones sindicales. Por un lado, ciertas estructuras formales de la sociedad civil (sindicatos por rama o sector, obras sociales y unidades básicas peronistas, fundación Eva Perón) como organizaciones articuladoras “consonantes” con la política de un estado regulador e intervencionista. A la vez, por otro lado, surgieron de las raíces, sin apoyo oficial, asociaciones en respuesta a otras necesidades, como las que nuclearon a quienes no coincidían con el régimen, como el Colegio Libre de Segunda Enseñanza, integrado por docentes expulsados de la universidad pública. Sabido es, como corolario de esta situación, que focos de resistencia al régimen peronista encontraban en entidades de la sociedad civil lugares de reunión y de debate además de los comités de partidos políticos opositores. Siguiendo en la historia, encontramos en períodos de regímenes totalitarios de orden militar en el poder (a grandes rasgos, entre 1955 y 1983 con algunas interrupciones) intervenciones en las asociaciones por parte de estos regímenes, mantención del poder de los sindicatos de trabajo como estructuras formales convivientes con los regímenes y como contrapartida organizaciones donde se refugiaron las ideas y las acciones de opositores nucleados en fundaciones científico-culturales u organizaciones de derechos humanos. Ya en nuestros tiempos, con la consolidación de la democracia a partir de 1983, el tercer sector comienza a cobrar mayor autonomía del estado y relevancia en consonancia con el proceso de democratización de la sociedad. Nuevamente, ante necesidades de cada momento, surgen las distintas expresiones de la sociedad civil. Hacia fines de los 80 y en los años 90 ocupan espacios en casi todos los ámbitos (incluyendo educación, salud y seguridad) ante el retroceso del estado y afloraron visiblemente como vehículos paliativos de las necesidades básicas insatisfechas de gran parte de la población que caracterizaron a la crisis del año 2001 y años siguientes. 

 

Siguiendo a Andrea Campetella, Inés González Bombal y Mario Roitter en su artículo “Definiendo el sector sin fines de lucro en Argentina” y a los efectos de este breve ensayo quisiera limitar el carácter de “actores de la sociedad civil” a aquellas organizaciones que reúnan los cinco criterios de la definición estructural operacional elaborada por Salamon y Anheier que suponen entidades estructuradas (cierto grado de formalidad y permanencia en el tiempo; privadas en el sentido de separadas del estado; autogobernadas, es decir con capacidad de elegir sus autoridades y conducir sus actividades, sin fines de lucro, en el sentido de no distribuir beneficios (ganancias) entre sus miembros y voluntarias, es decir, de libre pertenencia o afiliación para sus miembros.

 

El contexto político actual de acción de la sociedad civil.

 

Hecha la aclaración precedente y a efectos del análisis del escenario ¿qué podemos decir del contexto político local actual? Que a grandes rasgos, se caracteriza por una corriente democratizadora que se va consolidando y por el quiebre de mitos tanto estatizantes como privatistas en materia político económica. ¿Y dentro de esta realidad, qué roles han de asumir y encarnar las entidades de la sociedad civil? En otro sentido, ¿pueden detectarse en el contexto actual, como se hiciera al describir la línea histórica que antecede, necesidades o conveniencias en la sociedad Argentina que de alguna manera perfilen o acentúen un rol para los actores de la sociedad civil? ¿Y en tal caso, cómo puede ser su articulación con el estado?

 

Analicemos muy sintéticamente las particularidades de la escena actual de la Argentina en materia política y social.  

 

En primer lugar, ya no estamos solos. Insertos en el proceso de globalización, ciertos factores hasta ahora exógenos determinarán nuestras necesidades y con ello la acción y orientación de la sociedad civil organizada. Realidades tales como la competitividad, el desarrollo tecnológico, el desempleo y el alargamiento de la vida nos hacen enfrentar desafíos globales comunes a quienes formamos parte del mundo globalizado. En tal sentido, debemos estar atentos y aprehender la experiencia de otros actores de la aldea global ante situaciones donde la sociedad civil se ve involucrada. Por ejemplo, podemos tomar el caso del análisis efectuado  por Jean-Louis Laville y Marthe Nyssens en su trabajo “Estado de Bienestar y Servicios Sociales” en torno a la cuestión de la atención de ciertos riesgos sociales vinculados a “servicios a la tercera edad” en Francia. Sin pretender ahondar aquel tema concreto en el presente trabajo, si viene al caso tomar la conclusión de dicho análisis en cuanto propone como salida a tal problemática la adopción de un “modelo plural” de prestaciones en tanto el estado, el mercado y también la sociedad civil, sin preeminencias, han de tomar a su cargo dicha problemática en el contexto actual (de globalización, desempleo, etc.) recomendando entre las nuevas fórmulas de regulación estatal la promoción de la calidad de la profesionalización en la prestación de este tipo de servicio relacional y “la estructuración del compromiso voluntario”. De ese modo se evita limitar la elección entre estatización y mercantilización y no solo eso, sino que se propone la integración de las tres abstracciones (estado-mercado-sociedad civil).

 

Desde otro enfoque y movidos en lo fáctico por el desarrollo de la tecnología de las comunicaciones, podemos afirmar con Mary Kaldor que “la característica más destacada del mundo posterior a 1989 es la entrada de la política en la escena global. Por política global me refiero a la interacción entre las instituciones del gobierno global: los grupos, redes y movimientos que comprenden los mecanismos a través de los que los individuos negocian y renegocian contratos sociales o pactos políticos a escala global.”  

 

Corolario de lo analizado, aparecen las entidades de la sociedad civil por un lado constituyéndose en pilares de políticas mas que como grupos de unión u opinión trascendiendo además el plano local para pasar también a participar directa y efectivamente en la política internacional o global.

 

Un terreno muy particular que signa nuestros tiempos. Su influencia en el análisis.

 

Dentro de esta globalidad que nos encierra a todos a principios de este siglo XXI, ¿somos conscientes de dónde estamos parados hoy para efectuar nuestro análisis? Ante esta cuestión podemos apoyarnos en las consideraciones de Ignacio Lewkowikz quien en tal sentido nos describe un “suelo no firme” (pero suelo al fin). En primer lugar, este autor describe a nuestro tiempo, como el tiempo de lo perplejo: lo irresoluto (que no ha sido resuelto), vacilante, confuso. Perplejidad, en el sentido de la irresolución, de la duda. “Incertidumbre y perplejidad” son para este autor términos del presente, inevitables en la vida contemporánea. Y refiere también que no son términos pasajeros sino que vinieron para quedarse (no como algo propio de una etapa inicial por un cambio de lugar o de situación sino como un saludable hábito permanente). Nos refiere el autor que Hobsbawm caracterizaba el siglo XX como el siglo de la confrontación entre el “capital y el trabajo”. En cambio, agrega que el siglo XXI no presenta dos términos opuestos en un mismo plano sino entre un plano y su residuo. Podríamos pensar con Lewkowikz, no obstante, en un siglo con un conflicto esencial entre el “capital financiero y los conjuntos sociales”. Sin perjuicio de ello, por virtud de la globalización, las prácticas tecnológicas de comunicaciones, virtualidad financiera y flujo informático, el Estado desapareció como instancia meta que integre como sólida suprainstitución a todas las demás instituciones. La fluidez del capital deshace efectivamente la antigua consistencia totalitaria proporcionando fragmentos inorgánicos en vez de partes de un todo. ¿Y las instituciones? Pues nos refiere este autor que están dispersas por ausencia de ese Estado, padecen por volatilidad de agrupamientos; no las abruma el enclaustramiento o la imposición de un sentido fijo sino que las desmentaliza la dispersión. Se pasa del paradigma del estado al del mercado.

¿Qué idea actualizada de situación institucional nos quiere transmitir este autor? Precisamente que no es concebible la institución sino en un marco institucional cuyas condiciones son impuestas por la metainstitución estado. Y que las entidades, como términos heterogéneos, se conectan entre sí en un medio fluido y esa conexión es la fuente de la incertidumbre contemporánea. En un medio sólido las conexiones entre dos puntos permanecen estructuralmente. En un medio fluido, las conexiones entre dos puntos son siempre contingentes, se dispersan. “Así “incertidumbre y perplejidad” no son ya nombres de lo que accidentalmente nos sobreviene por desgracia, sino más bien términos habituales que nos sobrevienen crónicamente.”

Una particularidad de esta situación es que sin estado que me iguale como semejante, la concepción del “otro” es imprevisible y genera incertidumbre. Pero más allá de lo semántico, Lewkowikz concluye que en estos tiempos de fluidez, los agrupamientos, mas que instituciones, son “organizaciones” y que el índice de eficacia de la organización es la velocidad para configurarse frente a estímulos que sobrevienen de modo contingente. La organización, “trabaja activamente para configurarse en cada circunstancia, el resto es dispersión”. Así lo dispone la condición fluida en la que opera. El medio fluido no ejerce una inercia de conservación sino de disolución. De este modo, la organización gana si va donde el “pensamiento” y no los estatutos, la llevan. Caso contrario devienen inoperantes. “El pensamiento opera en la plasticidad de la organización.”

La perplejidad así planteada es la antesala del pensamiento, es lo que permite deshabituarse de las costumbres adquiridas para poder entrar en una situación de otra característica. En un mundo indeterminado, estas perplejidades no se sucederán como crisis accidentales sino como antesala inevitable de cualquier situación. El desafío es poder “crear las prácticas capaces de instaurar una subjetividad que pueda moverse en ese medio sin desmentir la indeterminación esencial, y a la vez, sin desgarrarse por eso.”

 

El rol político de la plástica sociedad civil frente a un desacreditado estado y a un inhábil mercado.

 

En este contexto, ante el prístino enfoque de Lwkowikz, nos encontramos siendo testigos de las necesarias transformaciones de las entidades sin fines de lucro, que como tales no están ajenas a la configuración actual de plásticas organizaciones sujetas a dispersión que requiere el terreno. En este escenario entonces, me pregunto: ¿qué rol han de asumir las entidades de la sociedad civil en nuestra Argentina global que hoy por hoy descree de sus instituciones políticas? ¿Qué rol pueden adoptar las organizaciones civiles en un contexto local de “desconfianza” y “descrédito” reinantes y que tiene por supuesto un estado corrompido (tal vez para nosotros, la principal causa local de su dispersión)?

 

Pues bien, pensando en el modelo superador que vislumbran Laville y Nyssens para resolver ciertos riesgos sociales en Francia, aparece como factible y a la vez aconsejable en nuestra geografía, realizar esfuerzos para poner también a nuestra nación en condiciones de afrontar aquellas situaciones que lo requieran, recorriendo un camino plural, donde las abstracciones estado, mercado y sociedad civil actúen sin preeminencias. Y desde el tema que nos ocupa, esto significa protagonismo político-operativo de la sociedad civil.

 

Desgastados los resortes institucionales pergeñados desde el patrio sueño bicentenario y formalizados en nuestra Constitución Nacional, se impone una refundación interior. Como refiriera el rabino Sergio Bergman en públicos discursos recientes, volvemos a ser “inmigrantes en nuestra propia tierra”, plagados de necesidades. Volvemos a padecer necesidades básicas como les ocurriera a nuestros ancestros. La diferencia es que, el asociativismo de nuestra hora no ha de pretender influir en un orden, sino que ha de participar en la reconstrucción de un desorden que se derrumba en el descrédito. Habiendo perdido el estado verdadero poder aglutinador por crisis terminal de desconfianza (producto de gobiernos operativamente deficientes y políticamente divorciados de la población), aparece como necesario en este fluido y fangoso suelo en el que transitamos, la reconstrucción y reafirmación de otro concepto, el de “nación”, previo y más trascendente que el del estado. ¿Qué sector está en condiciones de asumir esta tarea? Ante la diversidad de objeto del mercado (como abstracción) y la inhabilidad temporal de un desarticulado estado herido de corrupción e ineficacia, queda esta tarea, naturalmente, en el ámbito de las organizaciones de la sociedad civil. Más allá de la directa intervención internacional que nos hablaba Mary Kaldor, estará a cargo de las organizaciones de la sociedad civil el vehiculizar en lo local (primordialmente a través de coaliciones políticas pero sin perder la identidad de la organización de que se trate) acuerdos que refunden el gran pacto nacional y constitucional. Ese que vuelva a conferir en la Ley Fundamental autoridad y fortaleza al estado y que a la vez limite sus facultades y las de los gobiernos de turno. Un pacto que garantice la existencia de un mercado conductor de intercambio y progreso y la libertad de una sociedad civil, que con la plasticidad que requieren los momentos de perplejidad que llegaron para quedarse, se constituyan en prenda interviniente en la definición de rumbos a seguir a nivel nacional.

 

Al respecto, en la sección Enfoques de la edición del diario La Nación del domingo 30 de agosto de 2009 Enrique Valiente Noailles esbozó, con relación a la reacción limitante del sector civil del campo (organizado en la “mesa de enlace” de entidades rurales) frente al dictado de una resolución ministerial (la 125) que lo afectaba grandemente, lo siguiente: “Acaso un modelo de salida de este destino es el que ha mostrado el campo cuando se sublevó contra la 125. Necesitamos una mesa de enlace de la sociedad civil que exija una reforma profunda del sistema. Es hora de que la sociedad civil deje de temerle a la política y que la política comience, de una vez, a temerle a la sociedad civil. Por ahora se le ríe abiertamente. ¿Cuándo estaremos listos para una acción colectiva que invierta esta ecuación?”.         

 

Reafirmando por iniciativa de las plásticas entidades de la sociedad civil el pacto constitucional que se ha roto, es que estaremos en condiciones de desafiar el siglo. Mientras tanto, en el plano social, en lo inmediato y en lo cotidiano, debiera intervenir y asumir su rol en los modelos plurales de atención de riesgos sociales, cuando la eficiencia así lo requiere.

 

Si bien en otros tiempos la impronta del mercado y/o del estado se constituyeron en motores rectores de los destinos de la vida nacional, en esta hora, aparece un rol determinante que los actores de la sociedad civil de la Argentina deben asumir, como articuladores lo suficientemente plásticos como para responder a las necesidades del momento y a la vez ir sentando para nuestra nación pilotes adecuados a la flácida arena sobre la que se tambalea este novedoso siglo global.  

 

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                                                                  Francisco M. Lynch

 

 

 

Bibliografía consultada:

 

Campetella, Andrea y González Bombal, Inés “Historia del Sector sin Fines de Lucro en Argentina” en Mario Roitter e Inés González Bombal (compiladores) “Estudios Sobre el sector Sin Fines de Lucro en Argentina” Ed Publi, Bs. As., 2000.-   

 

Campetella, Andrea, González Bombal, Inés y Roitter, Mario “Definiendo el Sector sin fines de lucro en Argentina” en Mario Roitter e Inés González Bombal (compiladores), “Estudios Sobre el sector Sin Fines de Lucro en Argentina” Ed Publi, Bs. As., 2000.-

 

Kaldor, Mary (2005) “La Sociedad Civil Global” Una respuesta a la guerra. Tusquets Editores, Barcelona.

 

Jean-Louis Laville y Marthe Nyssens (2004) “Estado de Bienestar y Servicios Sociales” en Danani, Claudia (compiladora) Política Social y Economía Social, Ed. Altamira, Buenos Aires.  

 

Lewkowikz, Ignacio (2008): “Pensar sin Estado”, Paidos, Buenos Aires, Cap. 8 pp. 167 a 186.

 

Rock, David (1977) “El radicalismo argentino 1890-1930″ - Amorrortu editores.

 

Valiente Noailles, Enrique, “El sistema todavía celebra”, artículo de la sección Enfoques del diario La Nación del domingo 30 de agosto de 2009, pág. 2.

El gratifútbol, ni para la gente, ni gratis.

El gobierno nacional a cargo de la administración del estado en combinación con la AFA, vuelve a herir la inteligencia de la ciudadanía. En modo imprudente fogoneó desde el estado (monopólico en fuerza) la rescisión anticipada de un contrato comercial televisivo entre privados proveyendo así a la “inseguridad jurídica” que fomenta la huida de las inversiones en nuestro país. Una explicación del gobierno fue que se termina así con un monopolio televisivo. Me pregunto, ¿no son las leyes de defensa de la competencia las indicadas para combatir los monopolios? ¿Por qué no las impulsó en este sentido el gobierno? Y por otra parte, ¿por qué el matrimonio presidencial tardó tantos años de gobierno en promover el fin de este supuesto monopolio? ¿Será que ese supuesto monopolio los favoreció antes y ya no?. Otra explicación del gobierno es que de esta manera el fútbol beneficiará a la gente y será gratis. Esto es falso. No es gratis por cuanto lo pagamos todos, el conjunto de la sociedad. Todos, con nuestros impuestos, desde ganancias hasta el IVA que todos, absolutamente todos, pagamos cuando adquirimos cualquier bien. Y no se beneficia a la gente, donde del 40% está bajo la linea de la pobreza y que está oprimida y esperando un estado que garantice seguridad, educación, salud y acceso a la vivienda y a la alimentación digna y no al fútbol. Los fondos públicos deben ir a aquellas prioridades mientras que el mercado y los ámbitos privados son los que han de organizar y comercializar los espectáculos en general, como la actividad del fútbol profesional (que si fuere superavitaria pagará impuestos al estado y si fuera deficitaria, será con cargo al sector privado sin mengua del erario público que debe estar para cosas más serias, vinculadas a las prioridades antes mencionadas). Estas medidas de marcado tinte de manual populista denotan que el gobierno sigue apostando a una sociedad civil embrutecida y que no ha madurado. Y creo que se equivoca. Lentamente, vamos aprendiendo en este sistema democrático a participar. Con ello, ya no pueden utilizarse alegremente ni el fútbol, ni un mundial ni nada que cercene o mande al tacho los derechos elementales amparados para todos en nuestra Constitución. Nuestro decadente gobierno por un lado impone retenciones y justifica el cierre de exportaciones destruyendo la producción para supuestamente respetar la “mesa” del pueblo. A la vez en nombre de los pobres y del olimpismo, dilapida tiempo, ocupación de funcionarios y fondos públicos en una pelea por poder con el Grupo Clarin por el monopolio de un fútbol circense que se aparta cada vez más del verdadero deporte. Hubo mucho oportunismo e improvisacion en este nuevo manotazo del gobierno que pretenderá hacer del fútbol una cortina de humo lleno de propaganda oficial que tape el hambre y otras calamidades que nos encierran. Pero como la mentira tiene patas cortas y la ciudadanía va creciendo en civismo y ya lee con mas agudeza estos actos, creo que, con estas muestras, la administración K lejos de adquirir popularidad, como piensa, empieza a redactar su propia acta de defunción. El tiempo lo ha de certificar.

EL CONCEPTO DE FAMILIARIZACION EN LA POLITICA SOCIAL ARGENTINA

El presente trabajo fue presentado en el Posgrado en Organizaciones sin Fines de Lucro de Cedes - Universidad de San Andrés, Promoción XIII - 2009, perteneciente a la materia “Análisis de Políticas Sociales” a cargo del Profesor: Fabián Repetto. Toda vez que fue aprobado y encuentro en este tema un interés particular, qusiera compartirlo con los seguidores de Oga-í.  

 

 

Acerca de las Políticas Sociales y un escenario particular para su implementación en la Argentina.

Con relación a esta cuestión de las políticas sociales, según sus rasgos y modalidades, se han venido caracterizado tres tipologías clásicas como lo son aquellas políticas sociales de rasgo residual (liberal, con principio en la caridad y eventuales efectos discriminatorios), las de rasgo meritocrático (corporativa, con principio en la solidaridad y efectos de manutención) y las de rasgo institucional (social-demócrata, como principio de justicia y con efectos de redistribución).

En materia de políticas sociales se nos presentan cuatro esferas o factores básicos a tener en cuanta: el Mercado, el Estado, la Familia y la Comunidad. Estos ámbitos forman parte de un todo (la sociedad) por lo que para una correcta asignación y utilización de recursos disponibles (y siempre escasos) en esta tarea de arribar a “la mejor atención y mitigación de riesgos sociales” se impone el conocimiento y reconocimiento profundo de lo que implican estas esferas en el “inconciente colectivo” de una sociedad dada.  

Las pautas culturales del escenario.

Ahora bien, sabemos que estas tipologías de acción social no se presentan en la realidad en modo puro u homogéneo en una sociedad o comunidad determinada. En el ámbito de una misma jurisdicción gubernamental (sea nacional, provincial o local) podemos encontrar simultáneamente el ejercicio de más de una de estas expresiones de política social conformando así, los programas sociales que se llevan adelante, un “coctel” cuyos componentes dependen en grado sumo de las acciones políticas que definen la política social en un determinado momento, lo que no debe desconocerse. (Es recomendable leer al respecto a Repetto, Fabián; Filgueira, Fernando y Papadópulos Jorge (2006) en “La política de la política social latinoamericana: análisis de algunos retos fundamentales y esbozos de sus escenarios sobresalientes”, mimeo, Instituto Interamericano para el Desarrollo social, Washington, DC.). Llevado esto, a la materia de la “exclusión social”, en la realidad se tiende a combinar políticas universales con políticas diferenciales, que sean capaces de satisfacer necesidades particulares de los grupos socialmente excluidos, tal como lo concluye Sonia Fleury en sus notas de clase sobre “Políticas Sociales y Ciudadanía”, INDES.

En lo que respecta a implementación de acciones, a más de los aspectos que preceden en el punto anterior, tampoco debe desconocerse a los fines de elegir y diseñar una política social “eficiente y eficaz” las costumbres y realidades históricas de la sociedad en la que ha de desarrollarse la acción.

Por ejemplo, en materia política viene caracterizando a nuestras instituciones (y se acentúa en estos últimos años) un sistema de aparente o formal democracia con una  frágil república (división de poderes) caracterizada por su inestabilidad político-institucional (instituciones republicanas cediendo ante la orden caudillesca de los “jefes” de turno del siglo XXI: i.e.: adelanto de elecciones, eternas declaraciones de “status” de emergencia que otorgan facultades extraordinarias al “jefe”, sumisión de los poderes legislativos y judicial al “jefe” ejecutivo, etc.).

En materia cultural, una fuerte herencia europea (con orígenes mayoritarios en España y luego Italia) en su constitución y su amalgama con pueblos nativos explican el entramado complejo que como resultado, en el nivel social, termina aceptando, adoptando o rechazando institutos, modos de ser, creencias y costumbres, que década tras década van constituyendo el ser argentino.

En nuestro país los índices oficiales vienen demostrando que los riesgos sociales básicos no cubiertos (salud, alimentación, educación, seguridad física-jurídica) son muy graves, alcanzando altos grados de “intergeneracionalidad” (contamos hoy con personas de cuarta generación en villas de emergencia), y de una magnitud creciente, mucho mayor hoy que en décadas pasadas cuando ciertos grupos creyeron encontrar en dichas tristes estadísticas (las de hoy son mucho peor) justificaciones para organizar movimientos armados tan fratricidas como el hambre que deseaban combatir. Entiendo que revertir esta tendencia, lo que requiere es acciones mancomunadas y de largo alcance. 

En un ámbito democrático como el que vivimos, necesitamos imperiosamente políticas “estables” (que mucho distan de “gobiernos enquistados”) llevadas adelante por las distintas administraciones que se ciñan, sin importar su color, a “políticas de estado en materia social”. ¿Cómo lograr estas políticas estables? ¿De qué pueden asirse los que “hacen política” para lograr políticas sociales de largo plazo que los sobrevivan? ¿Qué base institucional, nexo o pivote, puede generar una estabilidad mayor que la que ofrece la política partidaria de hoy y que sea común a toda la población? ¿Existe entre nosotros, en la Argentina, alguna institución humana que reúna esta condición de generalidad y cohesión a la vez y que trascienda en el tiempo al débil entramado político actual? Entiendo que si existe y que es la familia. Una familia que puede variar en su tamaño o conformación a lo largo del tiempo histórico pero que, en definitiva, se caracteriza por su unidad en base a vínculos da sangre y/o afectivos. La familia (pequeña o grande, tradicional o ensamblada) hacen de nuestra sociedad, imbuida por una preponderante influencia de la cultura judeo-cristiana y una central herencia europea (mayormente española e italiana), un entramado compuesto por millones de estas unidades sociales naturales enlazadas por fuertes y estrechos vínculos afectivos y materiales.

Al respecto, es dable citar la deliberada incorporación de la familia en nuestra ley fundamental a la que se arriba mediante la participación de todas las provincias unidas y que entre sus pétreas cláusulas programáticas refiere El Estado otorgará los beneficios de la seguridad social, que tendrá carácter de integral e irrenunciable. En especial, la ley establecerá: el seguro social obligatorio, que estará a cargo de entidades nacionales o provinciales con autonomía financiera y económica, administradas por los interesados con participación del Estado, sin que pueda existir superposición de aportes; jubilaciones y pensiones móviles; la protección integral de la familia; la defensa del bien de familia; la compensación económica familiar y el acceso a una vivienda digna.” (Art. 14 bis “in fine” de la Constitución Nacional)

Asimismo, en modo previo a nuestra constitución sesquicentenaria existe una tradición judeo cristiana milenaria que imbuye nuestros pueblos (culturalmente) de un paradigma insoslayable: la vida familiar.

Al respecto, el catecismo de la Iglesia católica enseña hace miles de años sobre la centralidad de la familia. En tal sentido, este compendio de doctrina católica en su versión reciente de 1992 aprobada por Juan Pablo II, refiere acerca de la naturaleza de la familia lo siguiente: “-La comunidad conyugal está establecida sobre el consentimiento de los esposos. El matrimonio y la familia están ordenados al bien de los esposos y a la procreación y educación de los hijos. El amor de los esposos y la generación de los hijos establecen entre los miembros de una familia relaciones personales y responsabilidades primordiales. -Un hombre y una mujer unidos en matrimonio forman con sus hijos una familia. Esta disposición es anterior a todo reconocimiento por la autoridad pública; se impone a ella. Se la considerará como la referencia normal en función de la cual deben ser apreciadas las diversas formas de parentesco. -Al crear al hombre y a la mujer, Dios instituyó la familia humana y la dotó de su constitución fundamental. Sus miembros son personas iguales en dignidad. Para el bien común de sus miembros y de la sociedad, la familia implica una diversidad de responsabilidades, de derechos y de deberes.” (Referencias 2201 a 2203 del Catecismo de la Iglesia Católica (1993) – pág. 485 de la versión oficial en español, de la Asociación de Editores del Catecismo de la Iglesia Católica - segunda edición – Barcelona – España.)   

Nuestra experiencia familiar y el diseño de políticas sociales a largo plazo.

En este fuerte contexto cultural ¿Qué papel o factor ha de jugar el hecho que como conjunto tengamos una concepción arraigada y robusta de familia en las políticas sociales de nuestro país? ¿Es un elemento que debemos tener en cuenta al elaborar las políticas sociales?

Desde el punto de vista de la política social (en el estricto sentido definido en la cátedra como de acción estatal) tenemos asumido que no existe nada intrínsecamente “natural” en el modo como los mercados, las familias y las comunidades producen y distribuyen cantidades y cualidades de riesgo, sino que su dinámica refiere en gran medida a parámetros institucionalmente definidos desde el Estado. Es precisamente el Estado, que con su fuerza vinculante, obtiene y distribuye los recursos necesarios para “distribuir” los riesgos sociales. Ahora bien, también es cierto que más allá de lo que el Estado puede hacer en materia de riesgos, su articulación con las esferas del mercado, la familia y la comunidad constituyen lo que se denomina régimen de bienestar.

Nuestro enfoque apunta a preguntarnos si el Estado, en el afán por ser eficaz y eficiente en su política pública generando estabilidad en sus proyectos, en la necesidad de una mejor distribución de “recursos necesarios” que no abundan, sino que por definición escasean ¿no debería efectuar esta distribución en el seno de estas estructuras familiares potenciando así los resultados? De no hacerlo, ¿no estaría desaprovechando un “factor” que en este caso, además de ser tal, se erige en un “recurso”, al ser un vehiculo cultural capaz de potenciar los efectos últimos de la acción social del Estado?

Al ser más que una costumbre inveterada, como lo vimos más arriba, entiendo que este vehículo, el familiar, ha de ser en sí un objetivo de política social. Si bien la estructura y roles formales familiares se modifican de tanto en tanto conforme tendencias, modas y hasta furores, su esencia como agrupación de base afectiva-moral-material perdura. Por caso, la atención del Estado a hoy no se limitaría, como en tiempos de posguerra, solo a favor o en función del varón.

A fin de proveer un mayor grado de sustentabilidad de la institución familiar, entiendo conducente, en concordancia con nuestra Constitución Nacional, el desarrollar políticas sociales estables de rasgo universal. Las familias, son todas de escala similar, sin importar el lugar o pueblo o creencias religiosas o color político. El sentimiento de padre, madre, hermano, tío o abuelo, etc. es común a todos, sin importar clase económica o social.  ¿No hay allí oro en polvo para lograr consensos entre las más diversas posiciones sobre políticas sociales?  

Así como combatimos el área negativa del aristotélico animal (racional) que llevamos dentro, ese darwinismo del “sálvese el más fuerte”, también debemos promover, rescatar y avivar este aspecto natural de ese hombre que somos y que nos lleva a concebir a la familia del modo en que nuestra cultura lo ha ido receptando y modelando a través de lo siglos. Coadyuvará a políticas de prevención como mecanismo para reducir riesgos en el sentido que le dan Holzmann-Jorgensen y el Banco Mundial según lo visto en las cátedras.

De tal modo, la familia en sí, jugará un doble rol en esta temática. Por un lado es vehiculo de la directa política social desarrollada por el Estado pero a la vez, fortalecida en su seno (por la creciente interrelación afectiva y material de sus miembros) no dejará de constituir uno de los pilares del régimen de bienestar, como factor descentralizado de acción sobre los riesgos. Así es definida la familia por Esping-Andersen en su obra “Fundamentos sociales de las economías postindustriales”, como un actor de suma importancia cuyas decisiones y comportamiento influyen directamente en el estado de bienestar y el mercado del trabajo, al tiempo que se ven influida por ellos.  

Entiendo que su preponderancia aflora en general ante crisis graves donde el propio estado puede resultar en una de esas, desbordado. No resiste ningún análisis que el contar con una familia sólida sumará en la búsqueda por dar solución a los riesgos sociales.   

Es importante aclarar a esta altura que este enfoque o propuesta, que ha de resultar en una acentuación de la acción pública a favor de la constitución, propagación y (en nuestros días) redescubrimiento del valor de la familia como unidad, no solo en el aspecto de la política social sino en todas las áreas de las políticas públicas, en nada se relaciona con un eventual proceso de un falso familiarismo.  No nos referimos a un estado de bienestar “familiarista” como a aquel que “abandona” y de ese modo asigna un máximo de obligaciones de bienestar a la unidad familiar. Se trata de tomar la familia, allí donde es institución, como vehículo conductor de la mejor política de estado.

Es bueno detenernos también en ciertos aspectos que originaron el término  “desfamiliarización” y que se refiere a aquellas políticas que reducen la dependencia individual de la familia, que maximizan la disponibilidad de los recursos económicos por parte del “individuo” independientemente de las reciprocidades familiares o conyugales. Un ejemplo básico es aquél que, a través de la desfamiliarización de las responsabilidades ligadas al bienestar, el estado del bienestar socialdemórata contribuye a mercantilizar (ingreso al mercado) a las mujeres (y por tanto, reduce su dependencia del hombre), de modo que después pueda desmercantilizarse (garantizar el derecho independientemente de si el destinatario participa o no en el mercado).

Entendemos que esta desfamiliarización combate el familiarismo solo en la medida en que bajo este término (familiarismo) se defina a un sistema de “abandono” del estado hacia una unidad familiar debilitada o de asignación del estado a una familia desarticulada (desarmada) en una cultura social determinada y por lo tanto, que dará como resultado una cobertura de riesgos sociales insuficiente e ineficaz.

Pero muy distinto será un estado que lejos de “abandonar” la intervención en manos de la familia, la reconozca, la avale, la promueva e interactúe con ella en modo complementario, que es lo que, en mi opinión debe ocurrir en aquellas sociedades que conciban la familia (por tradición cultural) como una verdadera institución arraigada en sus entrañas.

La línea que marca nuestra cultura como propuesta de idea político social.

Esta idea la desarrollo en línea con el pensamiento de Esping-Andersen en sus “Fundamentos sociales de las economías postindustriales, Barcelona, Ariel (Capítulo 8 sobre “Los nuevos riesgos sociales en los viejos estados de bienestar”). Allí refiere que “una estrategia netamente positiva (la denominada ganar-ganar) implica reconstruir el estado de bienestar de una forma tal que de nuevo, pueda asumir la existencia de mercados de trabajo y de familias que funcionen bien y produzcan bienestar. Esto significa cambiar el nexo entre estado y mercado así como el nexo entre estado y familias.”   

Por tanto, será exclusiva responsabilidad de los administradores del estado, el interactuar con los factores descentralizados que inciden sobre los riesgos sociales, de un modo complementario e inteligente. En sociedades que “sienten y viven” fervientemente la familia producto de una cultura sería cuestionable para un administrador el prescindir de esta estructura como ámbito conductor de solución a la problemática que en definitiva nos convoca, el mitigar la mayor cantidad de riesgos.

En nuestro país, la reunión y comunión familiar es un concepto ancestral (muy pocos dejamos de festejar la Navidad en familia sin importar si se es judío, agnóstico, musulmán o cristiano).

Promover la estabilidad familiar como fin de política social y canalizar acciones “activas” a través de ella por oposición al “abandono” llamado paradójicamente “familiarismo” sería un gran desafío a largo plazo para mejorar los tristes índices en los que hoy se ubica nuestra Argentina.

 

Francisco M. Lynch

 

 

Bibliografìa y documentación consultada:

 

- Repetto, Fabián; Filgueira, Fernando y Papadópulos Jorge (2006) en “La política de la política social latinoamericana: análisis de algunos retos fundamentales y esbozos de sus escenarios sobresalientes”, mimeo, Instituto Interamericano para el Desarrollo social, Washington, DC.

- Esping-Andersen, Gosta (2000) “Fundamentos sociales de las economías postindustriales”, Barcelona, Ariel.

- Fleury, Sonia (2000) Políticas sociales y ciudadanía, Notas de clase, INDES, Washington DC. 

- Constitución de la Nación Argentina.

- Catecismo de la Iglesia Católica (1993) – versión oficial en español, de la Asociación de Editores del Catecismo de la Iglesia Católica - segunda edición – Barcelona – España.

 

 

 

 

 

 

 

Empecemos a difundir también con la imagen y con la voz

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Un 20 de marzo de 2009 en MundoBloggers

Eran poco más de las 9 de la mañana. Un ruido de micrófono probando suplantaba la música ochentosa que recibía a los concurrentes. Y la gente tomando posición en las cómodas mesas circulares vestidas con mantel, a modo de casamiento. Las expectativas eran muchas. Se iniciaba esta jornada. Leandro Dallas, representando al anfitrión dió el pase a Juan Valentini, director de Emprendedores 2.0, quien sostuvo en sus palabras iniciales dirigidas a los bloggers y a su actividad que ha de ser fin último de todo esto, el producir un “impacto positivo en la sociedad”. Destacó el “trabajo en equipo” con “colaboración genuina” entre sus integrantes. Habló de “amigos” y de las “relaciones del mundo a través de redes sociales” (hoy una realidad). Finalmente este referente de Coronel Pringles lanzó un deseo que parecía salir de lo profundo de su alma, invitando a todos los presentes a no relacionarnos para obtener algo a cambio sino animarnos a encarnar el darse mutuamente al otro en una fórmula espejo donde cada uno, al relacionarse con el otro, no razone el tradicional “doy para que me des” sino que ambos individuos crezcan en modo virtuoso donde ambos, casi en simultáneo, no cesen en pensar y decir al otro: “qué te doy/qué te doy.”. Escuché estas elevadas palabras de inicio y me di cuenta que el espíritu blogger ya reinaba en el amplio salón subterráneo del Howard Johnson Hotel & Suites Recoleta, a donde Nueva Escuela de Diseño y Comunicación reunió en congreso a bloggeros de distintos puntos del país. Y llegó el turno de la prensa nacional, Vanina Berghella de Clarín remarcó la importancia de la “especificidad de contenidos” y de los “nichos” que caractericen a cada blog como esencia de este tipo de espacios cuyo rasgo común ha de ser el “dar”. Por su parte Paula Carri (Página 12) dio su visión y diferenció las redes sociales (las cuales no identifican tanto al autor) de los blogs (en donde sí se encuentra definido el perfil del blogger) y alentó a quienes sostienen y dan vida a sus blogs con intención de trascender a que “les den tiempo que ya van a arrancar”. “Hay que darle voz e identidad y con que tenga cada tanto un post bueno ya vale y es sinónimo de que el blogger trabajó” finalizó Paula dando muestras con su mensaje de su calidad personal capaz de abrir su juego a un audiencia sanamente ávida de consejos y puntos de vista. Llegaron a compartir la reunión personas influyentes que adoptaron el blog como receptor y fuente de conocimientos y experiencias. Uno de ellos fue Antón Chalbaud de la red social Sónico describiendo en lenguaje claro su vivencia en virtud del “crecimiento viral” de la red “a partir de un grupito que luego la fue potenciando”. Alec Oxenford de OLX compartió su visión (entre algunos aspectos, sugirió indexar bien los artículos y que no vale la pena esforzarse por salir de la lengua española como motora del blog hacia el mundo) en base a su propia historia en torno a su blog. Dejó al descubierto muchas de sus cualidades personales generando un clima en el que muchos veían reflejar sus propios anhelos y expectativas. Y a ello contribuyó seguidamente el incansable Santiago Bilinkis, CEO y Fundador de Officenet, blogger y “emprendedor serial”, quien como pocos pueden hacerlo describió qué fue lo que lo llevó a ser un blogger y las transformaciones que cambiaron su vida en torno a esta actividad que Santiago abraza con irrefrenable pasión. Daniel Ivoskus, autor especializado en redes sociales, dio un cariz socio-político a su enfoque. Habló de marketing viral, de ceder y relacionarse como elementos centrales de esta era signada por Internet y lanzó “con Internet o te amigás o estás fuera del sistema”; comentó que el 40% de las personas en Argentina ya accede a Internet y se producen avances como la designación de AFIP y ANSES como entidades gubernamentales certificadoras de firma digital.
A su turno, Conz y Cumbio compartieron la tarima en distendida charla moderada por Vanina Berghella intercambiando con los asistentes historias que certifican la magnitud de este fenómeno de redes sociales como vehículos potenciadores de las relaciones humanas, de la comunicación y en lo concreto, de los blogs. Manuel Montaner, Consultor y ex gerente del Consejo de Relaciones Públicas, contó la historia de esta apasionante disciplina de las relaciones públicas donde el lema es “hacer las cosas bien y hacerlas conocer”. Argumentó “el futuro es hoy, ya llegó y ustedes (dirigiéndose a los asistentes) son protagonistas”. Gran interés causaron los conceptos de Fernando Cuscuela, IT manager de C5N e Infobae.com, quien se encargó de ir apilando , en base a lo que ve a diario, temáticas actuales como la renovación permanentemente de espacios (blogs, redes sociales) y su constante mutación. Aconseja incluir material multimedia en los contenidos y ve al esquema de redes sociales como el futuro próximo en las comunicaciones, aunque en su parecer serán aquellas que “focalicen un tema en modo vertical” las que perdurarán en el tiempo. Luego llegó al escenario Francisco Mosse, director de Alipso.com acaparando la atención de la audiencia que escuchaba con suma atención las pautas sobre recursos para el “posicionamiento” de un blog en Internet y cómo ser amigables para los buscadores. A su vez, Daniel Nader, responsable de marketing de Mercado Libre trajo claves comerciales de la realidad de la web girando en torno al concepto de “redes de anunciantes” y respondiendo inquietudes de los asistentes sobre las “reglas de juego” del mercado y la publicidad en Internet. La larga jornada estaba próxima a concluir, el intercambio crecía entre los concurrentes. Desde el escenario se promocionaron eventos como Palermo Valley o el Rosario Blogday, evento estrechamente vinculado a los bloggers de esa ciudad. Y el final llegó. Nos íbamos cada uno con algo más de conocimiento sobre blogs y redes, algo que apasiona. Pero algo superior a la simple información flotaba en el aire. Pues fue un punto de encuentro y el “relacionarse” como término conductor del evento fue más que una declamación. Fue una realidad. Y hablando de realidad, resulta útil a veces para divisar o conocer los limites de todo aquello ligado a los blogs, a Internet y a las redes el hablar de la vida virtual y la vida real. De este Mundo Bloggers me llevo el convencimiento que toda esta gente allí reunida durante todo un día no solo pertenece y vive en la vida real, sino que todo lo que hacen, aunque a veces lo llamen virtual, está impregnado de la realidad más palmaria y trascendente que uno pueda imaginar. Ser conscientes de esto y de lo valioso del desarrollo de blogs y las redes para la humanidad, al menos en estos tiempos que nos toca vivir, hicieron de este evento un encuentro de primera clase.

Agradezco a Nueva Escuela la invitación y espero que se pueda reiterar por el bien de los bloggers y por la gente de bien que esta vez los convocó.

Francisco M. Lynch 

Con la colaboración invalorable de Marcelo a quien acompañé a ese interesante mundo.

Organizaciones no gubernamentales. Una mirada desde el ayer. Contrastes que nos dan pautas sobre la situación actual, perspectivas y desafíos de las entidades sin fines de lucro.

Conceptos sobre las entidades sin fines de lucro.

 

Breve opinión personal sobre las organizaciones no gubernamentales.

 

Cuando un sueño se combina con una vocación se hace difícil parar la acción. Ésta fluye,  se motoriza con el sustentable e inagotable combustible vocacional. Aparece irrefrenable  en busca de un objetivo tan real como la vida pero a la vez encantado por los colores propios de lo soñado. Algo de eso han de sentir quienes se proponen crear, desarrollar, apoyar y de alguna manera intervenir en una entidad sin fines de lucro encerradas en estas últimas décadas bajo el término de organizaciones no gubernamentales (ONG).

Toca a muchos en esta vida el buscar y buscar hasta encontrar el modo de aportar un grano de arena tendiente al mejoramiento del mundo. En el caso de comunicadores como quien esto escribe, la vocación invita a comunicar. Y el sueño, a obtener un lugar para hacerlo. Así poder gritar a los cuatro vientos y hasta los confines del universo, que el hombre, a través de su historia evoluciona y aunque en modo lento, desparejo y cansino, se esfuerza por desarrollar acciones para vivir en un mundo cada vez mas justo y solidario en lo humano, cada vez más cuidado en lo material y ambiental y cada vez más elevado en lo espiritual. Son las ONG, en nuestros días, caminos por excelencia a recorrer y a promover en aras a la consecución de esos fines.

En nuestra Argentina, tierra de promesas aún incumplidas, gran parte de estas acciones han venido siendo desarrolladas a través de grupos de personas que se organizan en torno a objetivos altruistas signados por el bien común. Ante la escasez e insuficiencia de resultados concretos proporcionados por el estado (actor jurídico principal de acciones tendientes al bienestar general) aparece en la faz privada (esto es, individuos que quieren por sí y asociados a otros, actuar en modo directo hacia el bien común y no a través del estado) un afán por suplir esa falencia completando y hasta sustituyendo a veces al estado ausente. Y esta es una tendencia que crece, sobre todo con las enseñanzas que nos dejan las distintas crisis económicas que a menudo por desgracia atravesamos.

Es así que con inteligencia, apelando a aquel viejo apotegma en cuanto a que “la unión hace la fuerza” muchas personas recurren al fenómeno asociativo para concretar estos fines. Sean pequeños o grandes, estos grupos de personas, nucleados en simples agrupaciones o constituidos en entidades legales (fundaciones, asociaciones o sociedades civiles sin fines de lucro) han venido adquiriendo en estas últimas tres décadas un importancia vital en la sociedad argentina. Su proliferación, con el advenimiento y posterior asentamiento del sistema de gobierno democrático en el país a partir de 1983, es notable.

La sociedad en su conjunto ve en estas entidades (ONG) un canal directo, cercano y eficiente, para la solución de problemas acuciantes que muchas veces un estado lerdo no llega a resolver. También los ciudadanos ven en ellas la posibilidad de proyectar y luego concretar planes (de vivienda, de trabajo, salud, educación, etc.) ajustados y aplicados a realidades y problemáticas propias del lugar o del radio de acción de las ONG, en ámbitos mucho más reducidos y específicos que los del estado (incluso que el de los estados municipales) que hacen mucho más viables, creíbles y sostenibles en el tiempo a dichos proyectos.

 

La importancia de las entidades sin fines de lucro en nuestro país. Vehículos de confianza.

 

La contemplación desde el origen en nuestra legislación de la existencia y regulación de las agrupaciones civiles con fines altruistas nos dan cuenta de la relevancia de las entidades sin fines de lucro en el entramado social y cultural de nuestro país. Sociedades de Fomento, clubes sociales y deportivos, asociaciones de bomberos, fundaciones de toda índole y en fin, entidades de la más variada gama, caracterizan la realidad de nuestras vidas. Tan es así que a fines del siglo XX comenzamos a hablar de un “Tercer Sector”.

Las realidades que transita cada sociedad van dando el marco fáctico y los medios para dar respuestas a sus inquietudes, dificultades o problemas. Un factor problemático y preponderante en nuestra sociedad de hoy es la desconfianza en las administraciones. La desconfianza reina entre nosotros, sobre todo en los grandes conglomerados urbanos. Respecto a la administración del estado, como entidad, adolece en todos los ámbitos de un bajísimo concepto general en la población dados los magros resultados obtenidos aún con la gran cantidad de recursos con los que cuenta. Uno de los mayores flagelos en las administraciones es la corrupción. Su ingrata presencia pesa cualitativamente en toda organización pero se hace sentir más cuando más grande es la administración y más difícil es su control. La corrupción tiene su raíz en naturales sentimientos de egoísmo y de inseguridad. Tiene la fuerza de embriagar las acciones de todo hombre que no ha recibido la educación o la formación adecuadas o que por algún motivo flaquea en sus valores de honestidad. Cierta cantidad del germen de corrupción por alguna razón u otra siempre ha atacado a las sociedades compuestas por seres imperfectos. Pero en nuestros días la corrupción está exacerbada. La influencia en la cultura de un materialismo feroz impulsado y promovido por la llamada “sociedad de consumo” y el hedonismo como modelo o camino de felicidad aplastan fuertemente las conciencias, no habiendo contrabalances de peso suficientes que puedan obturarla a base de una buena educación o a través de espacios en medios de comunicación, hoy deficientes. Necesidades impuestas, comodidad, consumo y placer como vehículos de felicidad y acumulación como llave de seguridad son falacias que llevan a los hombres a corromperse si hiciere falta (aceptar o dar dádivas ilegítimas o ilegales, evadir impuestos, etc.) con tal de acceder o mantenerse en el “status” compuesto de esos falsos bienes promovidos en la sociedad de hoy. Vivimos una cultura que hace primar lo individual por sobre el conjunto cuando en la realidad, ambos aspectos deben ser promovidos y desarrollados a la par, de modo que uno (el individuo) crezca a ritmo con el otro (su sociedad). Una sociedad avanza a paso firme en un ámbito donde el individuo es respetado y a la vez el nivel de trabajo, de seguridad, de salud, de educación y el cuidado del medio ambiente son preocupación y ocupación normal y natural de todos como conjunto.

 

Situación Actual de las entidades sin fines de lucro. Una mirada desde el pasado reciente.

 

Conocer la historia y su devenir es esencial para saber de dónde venimos y proyectar el camino al futuro. A efectos de hacer un aporte al amplio campo que implica tratar la situación actual, perspectivas y desafíos de las ONG en nuestro medio, invito al lector a que nos traslademos en el tiempo y enfocar desde allí, desde la década de los 80, albor del actual período democrático, la realidad que vivía el tercer sector según sus propios actores reunidos en congreso. El lector interesado en esta temática podrá contrastar aquella realidad que se abría camino en esos años ochenta con la situación fáctica actual (2009). De este modo podrá concluir si los desafíos de ayer ya fueron superados, si por el contrario están total o parcialmente pendientes de solución o si son perennes y así también si aparecieron, en estos tiempos, nuevos escollos a sortear. En base a ello el lector podrá delinear sus propias  perspectivas para las próximas décadas en torno al tercer sector.

 

Un enfoque desde los años ochenta.


Para los fines expuestos líneas arriba traigamos a la memoria los primeros conceptos de la nueva era democrática, reunidos en el Primer Congreso Nacional de ONG que se llevara a cabo en Buenos Aires, el 1° de agosto de 1988 organizado por el PRONDEC (Programa Nacional de Democratización de la Cultura), programa impulsado por el Dr. Marcos Aguinis, quien había detentado por un breve lapso iniciado en 1986, el cargo de Secretario de Cultura de la Nación. A dicho congreso, luego de un muy arduo trabajo por reunirlas (pues no existían registros ni información que las promueva o nuclee a nivel nacional) asistieron seiscientos (600) representantes de organizaciones sin fines de lucro pertenecientes a diecisiete provincias argentinas.   

Esto que es historia no tan lejana aunque han transcurrido ya varios períodos gubernamentales desde aquellos años hasta hoy, puede conducirnos a revelar logros, materias pendientes y una perspectiva real para el tercer sector en nuestro medio.

Empezaremos por revisar ciertos conceptos vertidos en el seno del PRONDEC por Elvira Ibarguren en su obra compiladora “Memorias de una Siembra – Utopía y práctica del PRONDEC” con el auspicio de la UNESCO (Primera edición: marzo de 1990 - Editorial Planeta), con motivo del mentado congreso. 

En ese ámbito y en esos tiempos (1988), con el entusiasmo del descubridor, decía de las organizaciones civiles sin fines de lucro (lo escrito en negrita me pertenece) lo siguiente:

Es uno de los territorios más ricos y, al mismo tiempo, desconocidos de la sociedad argentina. Millones de ciudadanos, sin darse cuenta, pertenecen a alguna de las ONG (organizaciones no gubernamentales) que gravitan en el país. Nacen, crecen y trabajan sin la iniciativa de los gobiernos ni el apoyo del Estado ni el estímulo sistemático de los medios masivos de comunicación. Responden a un admirable impulso solidario y cubren amplias necesidades de la comunidad. Las hay grandes y pequeñas, dotadas de recursos o carentes de ellos, con solvencia organizacional o libradas a la improvisación. Reina entre ellas un profundo desconocimiento recíproco, así como una falta de conciencia sobre el número, valor y potencial. Aunque la Argentina puede exhibir una elevada cantidad de ONG, debe avergonzarse de la negligencia con que son tratadas.

Esta paradoja implicaba un desafío para el PRONDEC. Las organizaciones no gubernamentales, por ser “brotes espontáneos de la sociedad”, tienen un estrecho vínculo con la democracia. No resulta sorprendente que los regímenes autoritarios las vigilen o persigan: les asusta la libertad que nutre sus principios. No debería sorprender, entonces, que la recuperación del estado de derecho procurase su fortalecimiento y jerarquización.

EL PRONDEC asumió una tarea complicada en esta materia. Era un organismo estatal que pretendía brindar ayuda a los organismos que no lo son. ¿Cómo se vería esa ayuda? Esta inquietud tenía su fundamento, como se comprobó en las primeras reuniones, donde las ONG expresaron sin rodeos sus fundadas sospechas y resistencias.

Aparece aquí una elocuente dicotomía encarnada en nuestra cultura cual es el enfrentamiento entre el estado y la iniciativa privada, entendiendo en el campo de esta última a las organizaciones civiles sin fines de lucro. Tal antinomia, desde que el rol del estado es justamente el de garantizar y proveer al bienestar general de los habitantes de nuestra nación, resulta inadmisible. Por el contrario, aparece como desafío claro el lograr políticas (y no tanto reglamentos) que hagan poner codo a codo al estado con las organizaciones civiles en pos de un mismo objeto: el bien de la comunidad.   

Ya en el marco del congreso, el propio Marcos Aguinis reveló en el acto de apertura ciertos conceptos de los que se desprenden desafíos parcialmente resueltos hasta hoy. Decía en esa oportunidad: “Supongo que algo profundo e importante se ha modificado en la Argentina porque tiene lugar por primera vez un congreso de estas características, un congreso en el cual la Presidencia de la Nación brinda un marco amplio, a través de una convocatoria muy abierta, para que estos brotes espontáneos de nuestra sociedad puedan reunirse e iniciar un vínculo fecundo entre sí (sobre todo) y con los organismo del Estado. En una forma manifiesta, el Estado se desprende de su soberbia y reconoce el esfuerzo permanente, brillante, de nuestra sociedad. Las Organizaciones no Gubernamentales no han sido creadas por ningún gobierno; son el resultado del esfuerzo de nuestra gente que vuelca sus ganas de hacer (con pasión, solidaridad y altruismo) en una gama amplia de actividades que se extienden desde la lucha contra la drogadependencia a solucionar el tema de la vivienda, la promoción de la mujer al desarrollo del arte, los problemas de la educación, el campo de la comunicación o el deporte.

Cuando decidimos convocar a este congreso tropezamos con el obstáculo de la poca credibilidad. Latía un doloroso interrogante en el seno de nuestros interlocutores: ¿qué pretenden? ¿hacia dónde nos llevan? ¿para qué nos convocan?

El año pasado en este mismo sitio, el PRONDEC llevó a cabo el Primer Congreso de Programas Participativos a Nivel Nacional. …El congreso sirvió para poner en contacto a estos programas y de esta forma se acercaron hacia el descubrimiento de errores y éxitos que les serían de gran utilidad. Fue un primer paso. Dentro de poco se va a concretar otro con la edición de un libro que contendrá una guía de estos programas: la comunidad podrá conocerlos en detalle y aprovecharlos mejor. Ocurre-y esto es una cruel paradoja- que en nuestro país tan empobrecido circulen recursos a través de los programas participativos nacionales, mientras los municipios y las organizaciones de la comunidad desconocen su existencia y desconocen que pueden recurrir a ellos.  

Avanzamos entonces hacia las Organizaciones No gubernamentales (ONG). Nos pusimos en contacto únicamente con las que conocemos. …

Las Organizaciones no Gubernamentales aprovechan diversas metodologías, tienen múltiple inserción en nuestro campo social, apelan a diferentes recursos, lucen muchas historias. Pero todas están enhebradas por ese rasgo común de ser brotes espontáneos de la comunidad, de trabajar con un sentido solidario y altruista. Este tiene a su vez una íntima relación con el objetivo predominante del gobierno democrático actual, en el sentido de descentralizar nuestro país. Es necesario puntualizarlo claramente para erradicar las hipocresías del doble discurso. La descentralización ayuda en las circunstancias presentes a la consolidación de la democracia. La centralización, en cambio, es el instrumento del autoritarismo y de las dictaduras. Toda dictadura, sea de derecha o de izquierda, necesita del control, necesita sujetar todas las riendas. Limita la libertad y la creatividad, prohíbe la participación. El “no te metás” que durante tanto tiempo existió en nuestro país era un eslogan comprensible: provenía del poder autoritario y ordenaba, sencillamente, no participe, no actúe. Sabemos que muchas ONG padecieron injustas sospechas. Y cómo no iban a ser sospechosas si lo que proponían era exactamente crear y pensar. Esto es subversivo para un régimen autoritario, desde luego.

En la democracia, entonces, se necesita distribuir el poder, permitir el desarrollo de iniciativas, generar propuestas plurales. Hace a la riqueza de un país. Una democracia que se precia debe descentralizarse; esto se consigue en gran medida apoyando las manifestaciones espontáneas de la sociedad. Las manifestaciones pueden ser acertadas o erróneas, pero se integran a un metabolismo general que ayuda a la maduración comunitaria. Cuando no se permite esta gimnasia la sociedad se aletarga, se atonta y se traba. Con la gimnasia participativa, en cambio, la sociedad madura, crece, se libera, progresa.”  

Salta a las claras que son muchos los desafíos que subsisten veinte años después de haber sido planteados con claridad en el congreso de ONG. Es que en estos años de democracia no hemos podido aún desprendernos de un gobierno que conduce los mecanismos del estado con soberbia desatendiendo la importancia de las entidades civiles (en cuanto estas por sí no son entes políticos que den votos) y a veces malversando y desnaturalizando su existencia utilizándolas como vehículo propagandista o de coptación de voluntades. Esta realidad se debe en mucho a la responsabilidad de las propias ONG en cuanto tienen como tarea pendiente (aunque muchos esfuerzos se hacen, es cierto) el jerarquizarse, fortalecerse en la independencia del estado y ejercer su acción ocupando el lugar que le corresponde en la sociedad. 

Veamos otras palabras del titular del PRONDEC cuando despidió el congreso:

“Sabemos que las ONG son víctimas de un desconocimiento público sobre su valiosa tarea. Entre el Estado y estos brotes espontáneos de la comunidad no han existido puentes.

Muchas ONG están bien informadas sobre los mecanismos de financiación externa; hay otras que no conocen ni los externos ni los internos. Hay ONG bien organizadas y otras que hacen enormes esfuerzos con menores resultados. El intercambio de información entre estas fuerzas no gubernamentales es lo que ha dado riqueza al congreso.

Tenemos que seguir avanzando en la descentralización. Este es un tema que importa mucho. Lo he atendido en mi función anterior, cuando era secretario de Cultura, y lo continúo haciendo ahora. Con la centralización rige el desprecio hacia la capacidad de nuestra gente para hacer las cosas por sí misma, sin ser llevada de la nariz. Por lo tanto, descentralizar es reconocer el valor de nuestra gente, una manera de ejercitar el respeto al otro que tanto se viola. Ahora bien, la relación entre el Estado y las ONG vive una inflexión histórica. El Estado convoca a las ONG, reconociéndoles su importancia. A ustedes no se les escapa que no ha existido la manipulación. Aquí no hubo promesas ni subsidios…. Con respecto a la escasa difusión de las actividades que realizan las ONG hay más para decir. Me entristece este aspecto negativo de nuestra realidad. Fíjense en el ejemplo claro y directo de este mismo congreso, convocado por una Comisión de la Presidencia de la República: ¿qué difusión ha tenido? He solicitado personalmente a la Subsecretaría de comunicación Social que cubra con la televisión y la radio este acontecimiento. Hemos enviado gacetillas a los diarios y a las agencias noticiosas; también nos hemos comunicado personalmente con directivos de los medios de prensa y hemos hablado con funcionarios de los medios electrónicos ¿con qué resultado? El que está a la vista, un silencio perturbador e incomprensible. De manera, estimados amigos, que enfrentamos juntos una situación compleja en la que ni los medios estatales ni los medios privados tienen conciencia sobre ciertos valores de muestra comunidad y, por lo tanto, no juzgan adecuado ocuparse de ellos. Suponemos que no se trata sólo de la mala voluntad o de intereses mezquinos, sino de ignorancia y frivolidad. Se considera noticia lo vulgar y mediocre. Se considera aburrido lo vinculado al esfuerzo y la creatividad.”

Resultaban ciertas las sentencias del Dr. Marcos Aguinis en aquél congreso de 1986. Lo significativo es que, sin desconocer los esfuerzos realizados por muchas personas, medios y entidades, resultan ciertas y son en gran medida aplicables también hoy. En general, los medios de comunicación privados y estatales tienen aún insuficiente conciencia de la existencia, valores y acciones de organizaciones civiles sin fines de lucro que a lo largo y ancho del país día a día proveen al bien común aplacando necesidades insatisfechas, a veces básicas, de miembros de nuestra sociedad. Y con esta realidad de poca difusión, la opinión pública, no se hace eco de esas acciones, perdiendo la posibilidad de enterarse y aún de sumarse y participar. En este punto, es justo advertir y reconocer que muchos medios en esta última década han comenzado a publicar la acción del denominado tercer sector. Esto marca una diferencia con lo que ocurría en la década de los ochenta. Se ven suplementos “solidarios” que aparecen de tanto en tanto en diarios de gran tirada nacional (ej. La Nación) y también alguna página final de la sección clasificados denominada “clasificados solidarios”. No muy a menudo, pero se escuchan, espacios dentro de programaciones radiales que se ocupan de difundir la acción de la denominada responsabilidad social de las empresas privadas generalmente realizadas a través de ONG. Estas nuevas realidades contribuyen en modo efectivo a la acción y a la difusión de las entidades sin fines de lucro potenciando los resultados.

 

Una experiencia personal.

En esta materia (difusión), he tenido una experiencia satisfactoria desde lo personal a través del proyecto radial local “Un abrazo”. Un abrazo, gira en torno a un programa de radio conducido por quien esto escribe, de una hora de duración semanal, emitido por radio FM Simphony, emisora con sede en San Isidro e influencia en toda la Zona Norte del gran Buenos Aires. El primer ciclo radial de este programa se prolongó desde el mes de agosto de 2007 hasta el fin del mes de febrero de 2008. Un segundo ciclo está pendiente y Dios mediante tendrá lugar en el futuro. Su objetivo central es difundir y amplificar la acción de personas o grupos de personas que se dedican a ayudar o asistir al prójimo siendo las ONG actores principales. Se propone construir un puente de comunicación entre a) personas y entidades que actúan tendiendo al bien común o a la solidaridad y b) aquellos que quieran informarse y/o participar de algún modo en la acción de las primeras. Sus contenidos se actualizan permanentemente mediante (i) entrevistas a representantes de entidades o personas vinculadas al trabajo por el prójimo o enfocadas al bien común (ii) Información sobre avisos clasificados de ese tipo de entidades o personas (iii) Evocación historias y testimonios de entes y personas que contribuyen o contribuyeron a dichos fines y (iv) producción de editoriales y columnas sobre temas de actualidad vinculados a la temática del programa. Así también, durante la emisión y entre bloques, se programa música y se leen mensajes de oyentes que arriban por teléfono, correo electrónico o mediante el blog www.unabrazo.wordpress.com que complementa la presencia del programa en internet. No obstante lo estrecho del marco geográfico y temporal del programa radial, hecho a pulmón, fue satisfactorio constatar cómo a través de la audición los radioescuchas, potenciales voluntarios o aportantes o participantes, se informaban y tomaban contacto con miembros de las ONG que explicaban y se explayaban sobre su valiosa acción.  Lo que más me llamó la atención fue el agradecimiento y el reconocimiento de las personas a cargo o que intervienen en estas organizaciones sin fines de lucro en cuanto alguien aunque humilde y limitado como lo es Un Abrazo, le haya dado “espacio” para contar al mundo qué es lo que están haciendo. Como experiencia, diría que esa demostración de necesidad de ser escuchadas de las organizaciones y sus representantes me dio la pauta de que aún falta mucho en este aspecto por cubrir. La difusión de las ONG, los modos de hacerlo ajustados a la acción y objetos de cada una de ellas presentan una apasionante empresa en la que si bien se ha comenzado a actuar, aparece como una cuenta pendiente de tremenda relevancia. Es pues este, el de la difusión, un desafío pendiente de mejorar y que permanecerá latente en las entidades civiles sin fines de lucro. Ha de trabajarse mucho en este campo con perspectiva de futuro para que las ONG puedan cada vez más lograr instalarse en el alma, en el corazón y en la conciencia de nuestra sociedad. Habrá que esforzarse en pensar y repensar los medios técnicos y los modos inteligentes y hasta sagaces de llegar a la opinión pública ocupando espacios en los medios, esos espacios que muchas veces están reservados a programaciones que transmiten justamente valores contrarios a la solidaridad que caracteriza a todas las organizaciones sin fines de lucro o que están ocupados por programas que directamente transmiten disvalores a secas (i.e.: violencia, pornografía.).

 

Perspectivas para el Desarrollo de las Organizaciones Sociales en nuestro país.

 

En este marco de realidad, donde la democracia como sistema se ha impuesto las ONG constituyen luces de esperanza que abrigan nuestra Argentina.  Implican una cultura. Son llamadas como vehículos donde la humana corrupción puede controlarse y evitarse con mayores resultados. La desconfianza rara vez habita en ellas. De existir, estas organizaciones tienen medios ágiles para disiparla y ante su propagación las harán desfallecer rápidamente hacia la extinción y el seguro reemplazo por otras entidades mejores. Están imbuidas de un pensamiento donde el prójimo directa o indirectamente es prioridad y así la sociedad (como conjunto de individuos) aparece beneficiada. Son estructuras que pueden desarrollarse y crecer sólo en el marco de libertad que un verdadero sistema republicano basado en la democracia puede proporcionar, como lo señalaban los congresistas de las ONG en los años ochenta.

Por tal razón,  y sin perjuicio que los desafíos permanecen y se reciclan, no podemos menos que concluir en que, no habiendo fuerzas que desperdiciar en nuestra Argentina, son muy positivas las perspectivas que se presentan en torno a la existencia y desarrollo de las ONG y así como hoy ya muchas representan vehículos de acción concreta, su multiplicación y desarrollo significan la esperanza en que se puede sustentar una Argentina mejor.  

 

Los desafíos que estas Organizaciones deben enfrentar como caminos de concreción.

 

Hemos recorrido con perspectiva histórica dos décadas de resurgimiento de las ONG. Y el lector rápidamente advertirá que fue muchísimo lo que se avanzó en esta materia. No obstante, nos ubicamos en los años ochenta para desde allí revisar los tipos y características de los desafíos que estas entidades afrontarían. Puede decirse que, con salvedades de detalle y de escenario temporal, sin perjuicio de los grandes avances producidos en estos últimos años y que hay que reconocer, nos encontramos hoy con los mismos desafíos que entonces.  Dada la  historia, podemos afirmar que estos desafíos signaran por mucho tiempo la vida de las ONG. La relación con el estado y la exigencia de regulaciones claras que no las desnaturalicen, la interrelación entre entidades poniendo en contacto sus programas y enriqueciendo conocimientos,  tomar conciencia de su propia fuerza y potencial, jerarquizarse, proveer y exigir la descentralización administrativa del país, ser vehículos visibles para la participación ciudadana que destierre para siempre el “no te metás” y difundir la existencia y acción de las entidades no solo en los medios de comunicación sino a través de programas de estudios en todos los niveles de la educación. Desafíos del ayer, de hoy y del mañana que seguramente acompañarán la suerte de estas organizaciones vitales para el futuro de nuestra nación.

 

La Argentina necesita de las organizaciones sociales. Desde nuestro origen hemos adoptado para nuestro gobierno, como dice nuestra ley fundamental, la forma representativa, republicana y federal. Es el marco adecuado para la existencia de las ONG. Los desafíos que se plantean son a la vez caminos de concreción. De nosotros individualmente y de nuestra participación activa en estas entidades con la responsabilidad que esto implica, depende. 

 

Francisco M. Lynch

Nota: Ensayo presentado en la Universidad de San Andrés al solicitar la admisión al Posgrado en Organizaciones Civiles Sin Fines de Lucro, en marzo de 2009.